Como ya he comentado en alguna ocasión en este blog, uno de los problemas televisivos de este país es la escasa calidad de sus producciones propias y las “vagas” apuestas que se hacen por producciones extranjeras. Pero afortunadamente, quedan reductos de calidad, y de pago, como es Digital+ y los múltiples canales de los que consta su plataforma, donde muchos han podido disfrutar de grandes series de la historia de la televisión. En la actualidad, los jueves la cadena del Grupo Prisa emite una serie que, al contrario del último post, se lleva la gran pantalla a la pequeña, Spartacus Blood and Sand. Esta misma cadena emitió hace unos años la serie más cara de la televisión, Rome, que guarda ciertos parecidos, y grandes diferencias, con la recién estrenada historia del esclavo tracio.

Rome, estrenada en Estados Unidos en agosto de 2005, fue una coproducción entre la BBC británica, la estadounidense HBO y la italiana RAI. Ambientada en la época del paso de la República Romana al Imperio, cuenta la historia de dos legionarios romanos, Lucio Voreno y Tito Pulio, cercanos a César primero, y Octavio y Marco Antonio después. La vida que rodea a los líderes políticos de la ciudad italiana también es retratada, con la presencia de dos importantes mujeres, Atia de los Julio y Servilia de los Julio, dos mujeres cuyo odio mutuo desencadenará muchas de las pasiones y los odios presentes en la trama de fondo. Televisivamente la serie destacó por la fidelidad de sus escenarios, creados en la Cine Cittá de Roma, lo cuidado de su vestuario y la facilidad con la que el sexo, la violencia y las descalificaciones personales emergían, sin ningún tipo de pudor. La sorpresa fue tal para algunos que  la propia BBC modificó, sin miramientos de ningún tipo, escenas que, según los programadores, no eran aptas para horarios de máxima audiencia.

Spartacus fue estrenada por la cadena de pago norteamericana en enero de este mismo año. Rodada en Nueva Zelanda (¿?), la serie cuenta la historia que Kirk Douglas y Stanley Kubrick llevaron al cine en 1960, aunque el guión haya readaptado la historia de amor para, digámoslo así, darle razones a Espartaco para estar realmente cabreado. A su alrededor, Batiato, el propietario de la escuela de gladiadores, Lucrecia, su mujer, y Crixo, enemigo del protagonista y amante de la última. Rodada con phantom camera a mil fotogramas por segundo, no hay que esperar mucho tiempo frente a la pantalla para reconocer una “300” televisiva, una serie en la que lo digital se ha impuesto a lo real y en muchos casos el guión es una excusa para las escenas subidas de tono, ya sea sexual, violenta o verbalmente.

Así que tenemos dos series que utilizan la Antigüedad como disculpa para crear  dos producciones en las que el sexo y la violencia son los ingredientes principales, sabedores de los gustos de la audiencia de este siglo XXI. Sin embargo, como para todo, las cosas se pueden hacer bien y mal, y aunque ninguna de las dos se ha ceñido, literalmente, a la Historia, Spartacus resulta forzada y poco creíble desde los primeros cinco minutos, con un plano aéreo de una Roma creada por ordenador, unos paisajes demasiado verdes para tratarse del área mediterránea y el calentón en la boca de los protagonistas sin la más mínima justificación (“Si sólo nos queda una noche deberíamos aprovecharla”). Rome por su parte encandiló por la brillantez de sus decorados, lo cuidado de sus guiones y las interpretaciones sobresalientes de actores que posteriormente han dado el salto a la gran pantalla.

Desde aquí, para los amantes de la Historia, de los buenos guiones y de las grandes producciones mi recomendación es Rome. Para aquellos a los que les gustan las escenas “calientes”, la sangre y los efectos creados por ordenador, la opción es Spartacus. Porque sobre gustos no hay nada escrito.

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