Llevo posponiendo este momento varios días, y ya hay una parte de mi que se siente como cuando tenía once años y esperaba al domingo para entregar unas notas que desde el viernes quemaban en la mochila. El destino está ahí, quiero plasmarlo en el blog y el miedo a que dentro de unos meses alguien me llame y me diga que soy una exagerada es casi del mismo tamaño que la sensación de que por muchas líneas que aquí deje el sentimiento es difícilmente expresable. Pero voy a intentarlo.

El lunes pasado mi compañero de visionado (y de otras muchas cosas) y yo nos enfrentamos al último capítulo de Treme. Si, señores, aquí estoy de nuevo para alabar un “hijo” de David Simon, pero qué se le va a hacer, a mi también me cansa oír hablar bondades de Cristiano Ronaldo, y cuando eso ocurre cambio de canal. Así que ya saben. Digo nos enfrentamos porque es como una caja de bombones o el último trozo de pizza, que con lo bueno que te estaba sabiendo te da pena que se acabe. Esa fue la sensación. El problema de los productos de Simon es que además dejan cierto pensamiento rumiante, que cuando se repite trae con el muchos pensamientos.

Treme nació mientras The Wire daba sus últimos coletazos. Simon, crítico con aquello que le rodea, no pudo cerrar los ojos ante las increíbles, y vergonzosas cosas que estaban pasando en su propio país, y cambió su Baltimore natal por la desvastada Nueva Orleans. A partir de ahí un buen equipo de documentación, unos cuántos, y no vendidos, medios de comunicación y la triste evidencia de una ciudad desolada, completaron las líneas de diez guiones que. afortunadamente, crecerán el próximo año. Si el Sr. Periodista-Productor-Guionista ya había demostrado su enorme calidad en la serie sobre las miserias de cualquier ciudad norteamericana, esta nueva criatura bautizada con el nombre de uno de los barrios de Nueva Orleans es el Cum Laude a la interpretación, los guiones, la fotografía, el montaje y la música de cualquier producto audiovisual que uno pueda encontrar en el mercado.

El simple hecho de narrar un hecho verídico, de hace tan sólo cuatro veranos, que todos vivimos y que simplemente olvidamos gracias a los mismos que nos lo trajeron, los medios de comunicación, es una ventaja importante pero no suficientemente válida. Porque para que lo que narras sea creíble necesitas interpretaciones como las de los actores, notables, o las de las actrices, simplemente sobresalientes. Porque si Creighton Bernette (John Goodman arriba saludando), Antoine Batiste (Wendell Pierce), Davis McAlary (Steve Zahn) o Albert Lambreaux (Clake Peters) son memorables, y adorables, interpretaciones llenas de sentimiento y credibilidad, las de las féminas Janette Desautel (Kim Dickens), LaDonna Batiste Williams (Khandi Alexander) y Toni Bernette (Melissa Leo) son tres retratos vivos, y dolorosos, de como sobrevivir a una catástrofe de semejantes dimensiones. Las dos últimas, especialmente, se encargan de las escenas más duras y más difíciles de la serie, y lo hacen con interpretaciones simplemente inolvidables.

Tan importante como los actores es la música, de la cual además de los tres últimos caballeros arriba mencionados, el guaperas Sonny (Michiel Huisman), su sufrida compañera Annie (Lucia Micarelli) y Delmond Lambreaux (Rob Brown) se encargan músicos de renombre que no dudaron un momento en colaborar con esta serie, que en definitiva era colaborar con su ciudad. De Kermitt Ruffins o Jimbo Walsh, al excéntrico Coco Robicheaux, pasando por Irma Thomas, John Magnie o los Jazz Vipers, la presencia de músicos de renombre en la serie ha sido constante, ya fuese en papeles más o menos trascendentes. Mención aparte merecen el archiconocido Elvis Costello, colaborando en el primer episodio, Steve Earle, que además de ser cantautor, escritor y activista político, encarnó al ex-adicto amigo de Bubbles en The Wire y ahora también ha dejado sus perlitas y John Boutté, encargado de curiosas escenas y canciones como la que sigue.

El vídeo anterior, que como habéis podido observar intercala imágenes históricas de los carnavales de Nueva Orleans con aquellas que muestran lo que dejó tras de si Katrina,(gracias D. por el rápido apunte de las paredes) es el llamativo de esta serie de la que poco más puedo decir sin empezar a ser redundante. Sólo un par de cosas más: cuando llegue a España sólo pido que el doblaje esté a la altura de la serie, no como The Wire. No lo digo por mí, si no por aquellos que se aburren de escucharme hablar de Treme y no la verán en versión original. Yo, bastante hago por la causa.

Y desearos unos felices pensamientos rumiantes. Porque yo no dejo de pensar en si la vida espera que decida qué voy a hacer frente a ella, ser como la cocinera, como la camarera o como la abogada. Y es una digestión difícil.

Disfrutad. Uuuh!!

Anuncios