El próximo 14 de septiembre Cuatro estrenará una de sus mayores apuestas esta temporada, la adaptación televisiva de uno de los libros más vendidos de la Historia de la Literatura, The pillars of the Earth. El libro más conocido del autor galés Ken Follet, ha sido llevado a la pequeña pantalla por los hermanos Scott, Ridley y Tony, “culpables”, entre otras, de películas como American Gangster, Top Gun, Blade Runner o The Last Boy Scout. Así que con esos mimbres, al cesto le ha precedido una expectación mayor a la que ya empieza a ser habitual cuando hablamos de nuevas series. La misma que cuando tirada en la cama, sentada en el sofá o viajando en el metro te atrapa cuando abres la tapa, pasas las primeras páginas vacías y encuentras:

“En la noche del 25 de noviembre de 1120, el Navío Blanco zarpó rumbo a Inglaterra y se hundió en Barfleur con todos cuantos viajaban a bordo salvo uno… El navío era lo más moderno en transportes marítimos e iba dotado de todos los adelantos conocidos por los armadores de la época… La notoriedad de aquel naufragio se debió al gran número de personalidades que se encontraban a bordo; además del hijo y heredero del rey, viajaban también dos bastardos reales, varios condes y barones y gran parte de la Corte… Su transcendencia histórica fue la de dejar a Henry sin heredero directo y su resultado final el de una lucha por la sucesión y el periodo de anarquía que siguió a la muerte de Henry”.


Con un coste de 31 millones de euros, la serie comenzó a rodarse en junio del año pasado con Sergio Mimica-Gezzan en la dirección y actores de la talla de Donald Sutherland, Rufus Sewell, Ian McShane y Matthew Macfadyen. El resto del elenco está formado con intérpretes ingleses poco conocidos en nuestro país, pero que llevan a cabo grandes trabajos, como es el caso de Eddie Redmayne y Hayley Atwell, que interpretan a los verdaderos protagonistas de la historia, Jack y Aliena. Rodada entre Hungría y Viena (el caso es que se viese verde, que la libra está por las nubes) The Pillars of the Earth pasa de ocupar más de 1300 páginas a durar ocho horas en otros tantos capítulos. Pero para aquellos que se prometen ocho felices martes, decirles que Cuatro los “ventilará” en cuatro noches, a razón de dos por sesión. Y es que con esto no hay temporadas anteriores con las que rellenar programación.

Para los que han leído el libro, y lo recuerdan, la emoción reside en el desarrollo y no en el final. Para los que no lo recordábamos, cada final de capítulo es una lucha con la memoria y un reconocimiento a la capacidad de los guionistas para dejar al personal con ganas de más. Para los que no lo han leído, quizá sea una razón para salir corriendo a la librería y saborear cada página con personajes entrañables (la mayoría, ¿verdad Waleran?) a los que ya les han puesto cara, cuerpo y escenario. Para todos será probablemente una de las mejores miniseries de los últimos tiempos, con buenas interpretaciones, emocionantes escenas de acción, una gran banda sonora e interesantes y cuidadas escenografías y vestuarios.

Los que algún día nos enfrentamos al incómodo “tocho” que Follet publicó en 1989 y posteriormente lo comentamos con otros lectores, siempre recordamos en cuanto tiempo lo leímos y, dependiendo de la respuesta, incluso nos preguntemos dónde. Tres días, en un lugar muy muy remoto dónde no había demasiadas cosas que hacer. Y a pesar de que los recuerdos son vagos, y hay quien ya se ha quejado de que no se “respete” la literaria creación de la catedral, el resultado final, veintiún años después, es excelente. El Prior Philip, mi querido Jack y la fuerte Aliena tuvieron que esperar diecisiete años más que nosotros para ver el resultado de sus esfuerzos y sus deseos. Aunque ellos no tuvieron que sufrir los anuncios, justo en el momento más emocionante… Que os guste, a pesar de todo.

(Gracias a “lacharo” por el párrafo y a Ru, por esa especie de ánimo, o desafío, o no se qué)

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