En las últimas dos semanas, esas en las que las cosas se han ido colocando poco a poco, las he dedicado a (intentar) ver los estrenos de las nuevas series de televisión estadounidenses y las nuevas temporadas de las mismas. Y las sensaciones al final de cada capítulo son diferentes en intensidad, capacidad de impresión y resultado final. Así que eliges y te quedan tres grupos: lo que verás sobre todas las cosas y guardarás por mucho que a tu filmoteca le pese, lo que verás porque la tele no te ofrece nada mejor y  lo que verás y plantarás en la papelera a la velocidad de la luz. Porque sí, queridos míos, también se ven cosas por verlas, por marcharte a la cama con la sensación de que aunque no pudiste disfrutar de caviar te has comido un buen filete, que siempre es mejor que un triste perrito caliente.

Los que me leéis, o los que me conocéis, sabéis cuales son mis series de cabecera, las que recomiendo en cuanto tengo la mínima oportunidad, aquello que volveré a ver cuando tenga tiempo… Sitúo ahí a las ya vistas Six Feet Under, The Wire, Treme, Seinfeld, Frasier, Weeds, dramáticas las tres primeras, comedias las últimas(aquí como en los Emmy) En cuanto a las que están vigentes, cuando veo Mad Men me queda una grata sensación de perfección, elegancia y belleza, tanto en lo visto como lo escuchado, y cuando me atreva a hacer frente a los tres últimos capítulos de la cuarta temporada, descansará hasta el próximo verano junto a las anteriores. Con Boardwalk Empire me mueven más las expectativas HBOenses que la desazón que te queda tras cada episodio.  Como recomendadas pendientes The Sopranos (si, ya lo sé, pero es que tengo miedo), Fringe (aunque por lo ya visto sería más bien un filete), The Corner, Carnivale… Y alguna me dejo, seguro.

La serie que podríamos comparar con un filete, es aquella serie que ves por muy diversas razones: la necesidad de “no pensar”, la imposibilidad moral de ver la televisión antes de las cero horas porque no hay nada que soportes (luego viene Buenafuente), ausencia de capítulos nuevos de series consideradas mejores, simple curiosidad televisiva, recomendaciones fallidas y similares. En esa categoría Lost destaca sobre las inacabadas Generation Kill y John Adams, The Pillars of the Earth, House, Luther y la recientemente estrenada The Event, que no será lo que se esperaba de ella pero entretiene y deja cierto regusto de curiosidad. De las pendientes, (sé que parten con menos expectativas) están Rubicon, Call me Fitz, Parenthood… Insisto en que las razones son muy diversas, la mía nace en mi antitelevisionismo y se expande hacia las más variadas y absurdas justificaciones.

Y  en la categoría perrito caliente o “¿Por qué habré malgastado X minutos de mi vida?” se sitúan aquellas series que quizá llegaron como filete y pasado un rato se convirtieron en algo menos jugoso y cerebralmente poco nutritivo. Desde Flashforward hasta No Ordinary Family (tendría que haber llegado antes que The Incredibles, claro está), pasando por Coupling, cualquier CSI…. Quizá Call me Fitz debería estar aquí, pero mis razones se descubrirán en un post venidero, quizá Lost debería reinar aquí, pero ya se han descubierto en anteriores…

Todos nos sentamos frente a la pantalla con la intención de disfrutar y la esperanza de que, de alguna u otra manera, el tiempo invertido nos aporte algo, no sólo para comentarlo el día siguiente, también para tener ganas de volver a verlo. Lo que pasa después es cuestión de suerte. Y de saber elegir.

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