I love you, Mr.White


A primera vista lo único que le separaba de mi profesor de química del instituto era su pelo castaño de varón cincuentón que lució, hasta que una buena mañana acabó rapándoselo, y un bigote que, con el tiempo, se convirtió en una perilla. Pero con los capítulos el Sr. White es en ocasiones “Heisenberg”, un hábil “cocinero” con un argumento vital para invertir su escaso (y finito)  tiempo libre en una actividad delictiva. Y aunque  viví una historia que conecta droga y profesor de química en la misma frase, la similitud termina ahí. Porque Walter White tiene cáncer de pulmón, brillantes conocimientos de química y poderosas razones para necesitar una cantidad bochornosa de dinero. ¡Ah! Y es el protagonista de Breaking Bad.

Esta serie, una de las hijas predilectas de la AMC nacida en 2008, nos sitúa en el árido estado de Nuevo México, en la vida de un profesor de química aparentemente normal que por las tardes trabaja en un túnel de lavado de coches; vive con su hijo discapacitado y su mujer, embarazadísima y controladora a partes iguales y sufre a su cuñado, un agente de la DEA al que su familia admira y a su mujer, que tiene una curiosa adicción. Pero esa normalidad sale por la puerta el día que a Walter le diagnostican un cáncer de pulmón terminal y la casualidad, la necesidad y la preocupación por el futuro familiar le llevan a conventirse en compañero de negocios de un antiguo, y no precisamente brillante, alumno suyo.

El veterano actor californiano Bryan Cranston es el encargado de hacer de Walter White un personaje por el que el espectador  experimenta una gran variedad de sentimientos: de la lástima a la admiración pasando por la compasión y la desconfianza en una misma y única temporada. Si, lo reconozco Breaking Bad era un trabajo pendiente que antes de fin de año estará puesto al día. Pero con los primeros siete capítulos, el espectador  ya puede comprobar que es una serie tan poco correcta políticamente en sus planteamientos como descarnada en la evolución de la enfermedad. Y ello le ha valido para ganarse un sitio propio entre las brillantes producciones del panorama televisivo americano, sin importar que en ciertos estados la serie se emita censurada. La doble moral norteamericana, qué si no.

Walter White  tiene algo de Nancy Botwin, esa irracional disposición a luchar contra todo lo que perturbe el bienestar de los suyos, además de una ocupación ilegal y algo de Nathaniel Fisher, el ausente y razonable padre de Six feet under. Pero es único cuando tiene que enfrentarse a Tuco, a las reuniones familiares con cojines parlantes, a las inesperadas visitas de la DEA o a la  inestabilidad mental de Jesse Pinkman. Y quién sabe lo que nos deparará el futuro.

Aunque todos sepamos que su historia no puede alargarse indefinidamente. Disfrutemos, hasta que los pulmones resistan.

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