El papel de la mujer en la vida de un político de renombre siempre ha pasado desapercibido en nuestro país, más allá de las aspiraciones políticas de Ana Botella o Carmen Romero. Sin embargo en Estados Unidos el entorno familiar en el que se mueve un alto mandatario, ya sea a nivel local o nacional, siempre ha resultado vital a la hora de ofrecer una buena imagen al electorado. Desde Jacqueline Kennedy a Michelle Obama, pasando por Hillary Clinton o Laura Bush, las primeras damas de los presidentes americanos han acaparado, en muchas ocasiones, el mismo interés informativo que sus esposos, los presidentes del país más poderoso del mundo.

La ficción televisiva también se ocupa de reflejar la importancia de una buena relación marital a la hora de alcanzar las aspiraciones políticas soñadas, ya sea como procurador general del condado o como “alcalde” en la sombra, y tesorero, de la emergente Atlantic City. Mujeres que prefieren la ignorancia antes que la complicidad y que se mantienen impasibles en el prometedor retrato familiar a la espera de tiempos mejores. Aunque ninguna de ellas ha dicho aún la última palabra.

Margaret Schroeder: Para ser francos, el rol que encarna Kelly MacDonald no alcanza, sobre el papel, la denominación de “esposa” de Nucky Thompson. Esta inmigrante irlandesa que al comienzo de Boardwalk Empire vive un auténtico calvario familiar, se convierte involuntariamente en el fiel reflejo de “la buena madre” que el corrupto de Nucky Thompson desea bajo su techo y sobre su cama. Educada, elegante cuando se lo puede permitir, y con ideas políticas revolucionarias para su época, la Sra.Schroeder pasa de estar abandonada a su suerte tras la muerte de su marido, a disfrutar del hogar y la vida soñados.

Sin embargo hacer realidad los sueños no sale gratis, y lo que empezó siendo una labor íntima y sexual acaba convirtiéndose en un trabajo a tiempo completo que obligará a Margaret a ser la imagen de su “no-marido”, frente a unas mujeres que por primera vez en la Historia disfrutan del derecho a voto. Con un discurso elegante, moderno y en escasas ocasiones parcial, la sufrida inmigrante ha visto como su vida cambiaba y ha pasado de vender bellos vestidos a ser la propietaria de los mismos para lucirlos en fiestas o discursos. Pero en estos once capítulos la Sra. Schroeder ha demostrado que no es una mujer de la época, que no nació para servir a nadie y que antes que renunciar a sus principios quizá esté dispuesta a abandonar sus comodidades. Guardaespaldas de extraño rostro o la reconocida mafia que rodea al Sr. Thompson no frenarán su predisposición ni el nivel de su catadura moral.

Alicia Florrick: Con casi un siglo de diferencia respecto a Margaret Schroeder, la vida de la protagonista de The good wife es “sensiblemente” diferente, aunque quizá el desenlace de su relación sea más parecido de lo que cabría esperar. El papel encarnado por Julianna Marguiles sufre también por la escasa moralidad que parece haber demostrado Peter Florrick, un político que ya sabe lo que es estar entre rejas y que además de los enemigos habituales debe sobrevivir al siglo XXI, una era marcada por la información, los escándalos como forma de desprestigio y  los vídeos virales como método de propaganda.

Alicia no abandona el nido porque desea ante todo el bienestar de sus hijos, pero no parece dispuesta a dejarse envolver por todo aquello que meses antes la condenó a ser señalada como “cornuda” del momento. Y mientras mantiene las distancias emocionales y físicas con un marido que desea regresar a un cargo de renombre por encima de todo, Alicia se refugia en un trabajo que parece que nunca aparcó, al igual que sus sentimientos por su hoy jefe y ex-novio, Will Gardner. Un hermano que dice no encontrar amor en su mirada, un responsable de imagen sin escrúpulos que trata de guiarla las veinticuatro horas del día y una suegra con una ciega admiración hacia su hijo son personajes habituales ante los que Alicia silencia sus verdaderos deseos. Igual que frente a Gardner, ciñéndose así a la única petición que (desafortunadamente) conoce.

Con la segunda temporada de Boardwalk Empire confirmada, son muchas las cosas que le pueden suceder a la aparentemente frágil Margaret Schroeder, pase lo que pase en el capítulo final del domingo. La Florrick por su parte se encuentra inmersa ya en una segunda temporada  que a poco que se (re)tuerza dará que hablar. En cualquier caso, ninguna de las dos parece que vaya a ser una “señora de” al uso.

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