¿Dónde lo habíamos dejado? Ah, sí, al borde del precipicio, como de costumbre.

Recapitulemos. Un año sin Californication, preguntándonos que sería de Hank. Empezaron a sonar los nuevos nombres para la cuarta temporada. Carla Gugino como plato apetecible para posibles dentelladas de Hank. Rob Lowe prometiendo convertirse en un sucedáneo de Brad Pitt. Nos ponían los dientes largos, muy largos. Say it bitch, necesitábamos droga dura, veníamos de estar jodiendo con Rick Springfield y Kathleen Turner.

Y cuando el Time para el Show se acercaba, le volvían a meter un gol a Showtime y se filtraban los dos primeros capítulos de Californication unos días antes del estreno oficial. Para nosotros no hubo tiempo de andar con lamentos o respetar moralidades: Sinde mora afilamos el colmillo..

Play. Alice in Chains a toda guitarra nos reclaman que comprobemos el estado de la cabeza de un chiflado genial, que ha pateado esas calles en permanente dirección a la caída. Charlie Rankle aparece en escena para acompañar el inicio del nuevo periplo. La cosa esta vez viene dura: abandonados respectivamente por sus amores, con un horizonte carcelario en lontananza y promesa de nuevos y estimables líos de faldas. Métanle al cóctel un poco de Brad Pitt y otro poco de novia de américa liberada. Será mejor que se unan al viaje para entenderlo.

La cámara busca a Moody (Hank in Chains) en su reencuentro con el desastre. Ni el coche del perenne faro roto le funciona. Parece que esta vez no va a resultar tan fácil como de costumbre. La botella no solucionará los problemas y la escritura tal vez se quede corta. El pequeño niño chico que se hizo grande y cerró la fábrica cuál Ronaldo empieza a ser consciente de que  no está sólo cuando renuncia al paracaídas. Su pequeña Becca, la magnífica Becca, la conflictiva Becca, la sabia Becca, la talentosa Becca (¿he dicho ya que amo a Becca Moody?) va a ser cada vez más central en esta historia. Es la trama que da sentido a todo: los gestos, la música, las drogas, lo que importa y lo que no. Y cada vez lo será más, más aún de la vulnerabilidad que siempre le pudo ser Karen. La hija que lo cambia todo. El 4×02 resulta por eso magistral y nos devuelve el sentido de por qué amamos tanto a este degenerado.

Me reafirmo.Ya está aquí de nuevo el tipo que vivía y sigue viviendo al borde del pitillo, al borde de ser sumergido por la ola. Pero por muy grande que sea el vaso siempre hay una gota que lo colma y Hankie…llega el turno de tu the real one a toda pastilla. Nos habían puesto los dientes largos y ahora, con dos nuevos capítulos sobre el mantel, esperar al 24 para ver el tercero suena a tortura.

Hank, la reverendísima majestad de la irreverencia, ha vuelto

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