Mientras que en nuestro timeline cotidiano @alexdelaiglesia y la #leysinde son los Trending Topics del momento, en los States andan mosqueados con la  versión que ellos mismos han realizado de la británica Skins. Vaya por delante que en mi bandeja de pendientes se encuentra la original, por lo que reconozco que no he visto ninguna. Pero no creo que sea necesario, ya que no daré mi opinión sobre su calidad televisiva, sino sobre la calidad moral de aquellos que con sus palabras y sus amenazas hacen que productos televisivos que no son de su gusto pierdan anunciantes, sean censurados o se vean obligados a suavizar sus tramas. Les presento al Consejo de Padres para la Televisión (PTC por sus siglas en inglés).

El PTC, del que probablemente los amantes de Studio 60 ya oímos hablar en boca de Jordan McDeere o Jack Rudolph, es un grupo de defensa de los valores en la televisión, algo así como el medidor de la calidad televisiva conforme a unos ideales políticos severamente marcados. Abreviando aún más, un grupo de conservadores dispuestos a imponer sus creencias y valores en cada minuto de la televisión. Financiado por un tal L. Brent Bozel III, el PTC ha señalado con el dedo a series tan populares como Friends, Grey´s Anatomy o Dawson´s Creek (¿?). Sobra decir  que Family Guy, American Dad, The Simpsons o Breaking Bad fueron proclamadas vencedoras del prestigioso “The Worst Cable Content of the Week”, con envidiables análisis de las escenas, por cierto.

Desde el pasado día 12, Skins es merecedora de todas sus atenciones y juicios, la MTV es poco menos que la cadena traída desde el infierno por el propio Satán y muy probablemente Charlie Pattison haya querido comerse sus declaraciones del mes de agosto, cuando afirmaba valientemente “Queremos hablar con adolescentes de todos los Estados Unidos y hacer una serie que refleje su vida en cada aspecto.”  Para los que no la conozcan, Skins es una serie adolescente como lo fueron Beverly Hills 90210 o “Compañeros”, con la desvergüenza juvenil que los ingleses imprimen en sus productos y que impregna mucho metraje de sexo, drogas y cualquier componente inesperado en un joven ejemplar. Así que como marketing dirigido al público objetivo las intenciones  están muy bien, pero como declaración a la que regresar una vez el progenitor ha visionado el producto, no tiene precio.

Las palabras de Pattison , chicas besando a chicas, y adolescentes “enviagrados”  han llevado a la PTC a hacer  de las suyas y han provocado, con su queja, su fuerza moral y su poder económico que Taco Bell, General Motors, H&R Blocks y Wrigley  hayan cogido sus anuncios y hayan salido por la puerta. Allá por mayo de 2010 cuando se conocía la noticia de que sería la juvenil MTV la que se ocuparía del remake, ya se rumoreaba que la cadena de televisión por cable suavizaría los contenidos y las imágenes de la serie original. Serie que, por otra parte los americanos ya podían ver en el canal BBC América y que ya formaba parte de la lista negra de los sabios de los contenidos conservadores.

Más allá de lo absurdo del empeño de la MTV en crear un producto que o unos u otros criticarían, me queda la duda de saber si la moralina estadounidense que se asienta en España a pasos agigantados, también llegará hasta estos lares televisivos. Aunque quizá a nosotros nos vendría bien. Para ocuparse de cosas como ésta.

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