A la espera de que llegue abril con sus numerosos estrenos y regresos, la midseason estadounidense se parece más a  un desembarco inglés, similar al del siglo XV, que a ese periodo televisivo en el que se lanzan aquellos productos que no se merecen una temporada estrenada a bombo y platillo. Si el año pasado llegaron productos de suerte y calidad desiguale, este lo más destacable es el olor a té inglés que impregna la parrilla televisiva. Por un lado está el choque cultural, y laboral, de Episodes y por otro, el ya comentado “versiona que algo queda”. Skins y Shameless han sido las elegidas por las productoras americanas. Yo, sin saber porqué, he decidido que veré la primera en su “versión” original y la segunda en su versión americana. Y aunque no sé lo que me pierdo, si sé lo que he encontrado. A los Gallagher de Chicago.

Porque aunque no son tan disfuncionales ni tan extremos como lo puedan ser sus primos de Inglaterra, también tienen lo suyo. Aunque el cabeza de familia es Frank Gallagher, la voz cantante la lleva la joven Fiona, que trata de educar y dar lo mejor a sus hermanos Philip, Ian, Carl, Debbie y el pequeño, de procedencia desconocida, Liam. Todos ellos tienen sus rarezas, en ocasiones demasiado raras, sus secretos y sus problemas, pero algo en común, la necesidad de sobrevivir a pesar del caos en el que su propio padre les lleva. Y es que Frank es un amante de la cerveza y la barra del bar, crítico con todo aquello de lo que no obtiene ningún beneficio y siempre alerta ante nuevos lugares que conquistar y utilizar a su antojo. O eso cree él.

Pero si por algo me ha gustado Shameless, estoy al día, con el quinto capítulo, es por las grandes historias que les rodean. Me he enamorado de Kev y V con la misma fuerza que de la señora Jackson. Los dos primeros son una extraña pero adorable pareja de vecinos, con sus rarezas sexuales, su apasionado amor y su puntual odio, a los que piden sal cuando no queda. Además de ser el camarero del único bar al que Frank puede ir y la mejor amiga de Fiona. Sí, es cierto, forman parte de la familia tanto como el pequeño Liam. La señora Jackson por su parte es una mujer que también tiene sus particularidades, además de un miedo atroz a salir a la calle.

Así que  más allá de la escasas posibilidades que hay de encontrar algo mejor en esta época del año, las razones para ver Shameless son muchas. Ya sea por este estupendo papel de agorafóbica que a Joan Cusack le viene como anillo al dedo, por la posibilidad de ver al casi siempre secundario William H.Macy interpretar el cabeza de familia que ningún padre querría ser o por descubrir a jóvenes como la sentidísima Debbie (Karen Jackson), el desorientado Ian (Cameron Monaghan) o  el responsable Lip (Jeremy A. White). Sumadle la bella Fiona (Emmy Rossum) y su lucha contra los elementos, entre los que se encuentran dos pretendientes y sus “contrarias” formas de vida, y tendréis las razones por las que deberíais visitar a los Gallagher. Por lo menos hasta el tercer capítulo.

Yo he disfrutado. Y me he reído. Mucho. Raro, raro.

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