Me dispongo a descorchar una botella de cava para celebrar que el milagro se ha producido y voy a escribir sobre una serie española. Más allá de que me consta que no soy la única que lleva esta proeza a cabo, aclarar que tengo “¿Qué fue de Jorge Sanz?” esperando desde hace un mes, pero me daba más pereza que Crematorio. Sí, voy a escribir sobre esa serie que algunos han osado llamar “El The Wire español” y que se basa en la novela de Rafael Chirbes ganadora del Premio Nacional de la Crítica 2008. Y por ir al grano aún más, la comparación hace un flaco favor a la serie y  como no conozco el libro, no hablaré de la calidad de la adaptación. Pero se pueden decir muchas cosas, y no todas malas, de una serie española.

Crematorio, financiada entre otras empresas por la Generalitat Valenciana, narra la historia de Rubén Bertomeu, un arquitecto, promotor y constructor de la Comunidad Valenciana en la época dorada del ladrillo. A su alrededor, su familia, que no ve con buenos ojos su avaricia y su empeño por construir más allá de donde ven sus ojos, su cohorte de consejeros, perros de presa y “criados” o sus enemigos, ya sea en forma de mafia rusa o de policía anticorrupción. Pepe Sancho da vida al protagonista principal y aunque en un principio parece que si antes de decir “Nueva “York” pronunciase la palabra “Construcciones” Antonio Alcántara aparecería en escena, unas localizaciones creíbles y una fotografía excelente, y novedosa en el producto patrio, eliminan ese moleste recuerdo del actor valenciano interpretando al mismo personaje sólo que cuarenta años después.

La bellísima Juana Acosta interpreta a la joven e incomprendida novia, Alicia Borrachero a la que no sé porqué, debo confesar, no soporto es su hermana hija, mientras que la joven Aura Garrido interpreta a su nieta. Pero los verdaderamente relevantes en la vida del protagonista son los hombres, y ahí está el fantástico Pau Durá ejerciendo de leal abogado, el quizá encasillado Vicente Romero como escudo y escudero, y los prácticamente desconocidos Pep Tosar y Vlad Ivanov, fuente de problemas del siempre cuidadoso Sr. Bertomeu. En los tres capítulos que ya ha emitido Canal +, el espectador asiste a casi sesenta minutos de tramas corruptas, venganzas violentas y pasados oscuros. Y es merecedor de comentario ese extraño e innovador hilo conductor que la relación de Bertomeu con un personaje en concreto crea en la trama de cada episodio, con flashbacks que nos desvelan que la codicia y las pretensiones siempre han estado presentes en la vida del constructor.

“Crematorio” no es nada que no hayáis visto en una buena serie de Estados Unidos o Inglaterra. Pero con la marca de la casa de este santo país no creo que sea posible encontrar nada tan bien hecho. Ni sin niños ni product placement y con cabeceras tan a lo True Blood. Y eso ya merece un visionado.

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