En enero de 1994 un simple beso fue protagonista de la televisión británica. Beth Jordache y Margaret Clemence eran los personajes que se prodigaban carantoñas, y Brookside la serie. La novedad residía en que ambas eran mujeres y el beso, el primer ósculo lésbico que los telespectadores británicos se encontraban en la pequeña pantalla. Más de quince años después, los personajes homosexuales son habituales, reflejo de aceptación y normalidad de la sociedad y las producciones en las que trabajan. Otras, simplemente son la excusa creativa de aquellos que queriendo reflejar la vida de un grupo de mujeres homosexuales en la Gran Bretaña contemporánea, terminan realizando un Melrose Place británico y gay tan poco creíble como probablemente innecesario.

Lip Service es una serie de la BBC ambientada en Glasgow (Escocia) que narra la vida de un grupo de amigas lesbianas veinteañeras, según las reseñas, treintañeras para mí. La serie, compuesta por seis capítulos de algo menos de una hora de duración, comienza cuando Frankie, la andrógina y siempre de morros Ruta Gedmintas, regresa desde Nueva York a su ciudad natal por la muerte de su tía, que había ocupado el lugar de su ausente madre. El fallecimiento es sólo una disculpa para poner a  la rubia de nuevo en la vida de su grupo de amigas, y con ello trastocarlo todo. Y si no que se lo digan a Cat, la adorable Laura Fraser es la sufrida ex-novia que un día dejó a su pareja por Frankie y vio como esta volaba a Estados Unidos sin mediar explicación. A su lado está Tess, interpretada por Fiona Button, compañera de piso y amiga que no termina de encontrar su lugar en el mundo.

El inseparable Ed (J.A Pearson) amigo de Tess y hermano de Cat, la paciente Sam (Heather Peace) y el vividor Jay Bryan Adams (Emun Elliot) completan un reparto de gran calidad que sin embargo no pudo evitar que las críticas a la serie no fuesen buenas, e incluso la acusasen de realizar un flaco favor a la comunidad gay. Y es que todo el empeño que se pone en mostrar unas situaciones corrientes, también se usa para que sus profesiones y sus vidas sean tan ideales que pierde su motivación principal, mostrar la vida de una mujer joven británica lesbiana. Porque dudo mucho que el modelo británico de mujer homosexual sea una profesional liberal (arquitecta, fotógrafa o actriz) con pisos de ensueño y vidas en permanente festejo. Ni tampoco el de jóvenes rebeldes de desconocido y triste pasado.

No he visto The L Word, por lo que no puedo decir si la serie de Harriet Braun es la versión británica del drama de Showtime. Aunque si comentaré que si la mitad del reparto fuese masculino y las relaciones entre los personajes heterosexuales, la serie habría pasado aún más discretamente por el tercer canal de la BBC. Con la segunda temporada confirmada, Lip Service es una serie para aquellos que sientan curiosidad por el género y para los que quieran descubrir bonitas postales de la siempre interesante Glasgow. Y ya.

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