Vaya por delante que comencé The Crimson Petal and the White por las insistentes alabanzas que arrojaba mi timeline, repleto de seriéfilos llenos de ganas de encontrar un buen producto que llevarse a las manos y degustar con calma. Y esta miniserie británica de cuatro capítulos lo es, aunque mis expectativas eran mayores. Y aunque no quiero pecar de radical y hacer que os déis la vuelta, The Crimson Petal and the White es un bodegón realista y admirable, perfectamente perfilado. Sin embargo creo que el guión (adaptado) te amarra a ciertas secuencias que  te atosigan mientras que al final de la obra quizá uno añora respuestas.

Cierto es que no he leído la obra original de Michel Faber, aunque como ya comenté por aquí, ha sido best-seller en Estados Unidos, Italia o Francia. Por lo tanto desconozco si las dudas las deja el periodista holandés en la edición original o la adaptación de Lucinda Coxon. En cualquier caso a mi me quedaron, más como lamento que como cabreo, lo quizá es buena señal. Porque más allá de las preguntas que nos quedan sobre el futuro de Sugar y de William, la serie dirigida por Mark Munden y en la que también participa una casi irreconocible Gillian Anderson, es un perfecto ejercicio cinematográfico que por obra y gracia de la BBC Two hemos disfrutado en la pequeña pantalla.

Una fotografía impecable, unas interpretaciones brillantes y esa especie de tensión tan propia de un buen drama victoriano, te enganchan a las aventuras de la desgraciada Sugar, una prostituta a la que da vida la impecable y bella Romola Garai, una joven que parece haber nacido para ese tipo de historias del siglo XVIII. Entre los conocidos de la pelirroja meretriz se encuentra William Rackham, un empresario británico inestable y manipulador a partes iguales, encarnado por Chris O´Dowd, conocido por la serie The IT Crowd y su papel de Roy Trenneman. Rizando el rizo, la mujer de Rackham, la débil y joven Agnes, atormentada e incomprendida por una sociedad en la que la crítica es deporte nacional. Amanda Hale es la encargada de interpretar, con escalofriante acierto, el papel de sufrida esposa.

El Londres que dibuja The Crimson Petal and the White es un Londres oscuro, tenebroso y agobiante, un recorrido por los barrios bajos de una ciudad insana y clasista que Lol Crawley recoge con oscuridad y brillantez con su dirección de fotografía. Y todo el conjunto es lo que asombra, lo que hace que nos preguntemos si alguna vez un producto como éste llevará el sello español, lo que nos lleva a aplaudirlo por mucho que cierta desazón nos haya invadido en el último fotograma. Quizá, la historia de Sugar, más que un bodegón es un brillante cuadro “caravaggista” del que uno querría más de lo que el lienzo te ofrece.

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