Más no es mejor


El pasado fin de semana invertí parte de mi tiempo seriéfilo en ver Marchlands, con la intención de escribir un post y comentarla antes de la emisión de la noche de ayer en Antena 3, tal y como hice en su día con Ladrón de Guante Blanco, serie con la que curiosamente compartía franja horaria. Sin embargo, antes de sentarme aquí a dejar mis impresiones, me pregunté porqué iba a hacer yo promoción de los productos de alguna cadena, cuando ni siquiera ellas los respetan o se toman la molestia de “cuidarlos”. Porque no sirve de nada que apuestes por producciones internacionales con cierto prestigio cuando te encargas de programarlas en horarios imposibles, en formatos difíciles de seguir y con doblajes, todo sea dicho, que no contribuyen a dar valor a la serie.

Cierto es que esta no es una historia nueva y que las series extranjeras se emiten mal en España desde el comienzo de los tiempos: Six Feet Under y The West Wing llegaron a las pantallas con nocturnidad y alevosía, sin día ni hora fijos, como si la aventura de ver una serie comenzase antes de encender el televisor. Hoy en día las grandes cadenas han dejado, o por lo menos a primera vista, de colocar series de cierto renombre en sesión madrugada, aunque Telemadrid muestra cierta falta de respeto hacia trabajos como Breaking Bad, a los que confina a su segundo canal y en un horario impropio de un  producto tan laureado.

Sin embargo, las últimas emisiones y estrenos internacionales, como los que me refería al comienzo de este post, son el colmo de la programación ofensiva y vejatoria. Porque estoy segura de que a ninguno de los señores y señoras que se ocupan de organizar las parrillas televisivas les gusta ir a comer y que el delicioso plato que tienen enfrente les desborde, y no puedan acabarlo, porque probablemente tengan que madrugar y ni siquiera ellos mismos puedan ver los productos en los que “tanto” han invertido, porque resulta insolente hacerse una “promo” vanagloriándose de la cantidad de Emmys a los que optan las series que emites, cuando ni son tuyas ni las tratas como si tuvieran las manidas 64 nominaciones, sino que las programas con la misma importancia que el tarot o los concursos de madrugada. Y es que a ninguno de esos señores y señoras se les ocurrirá emitir tres capítulos seguidos de la anunciadísima Gran Hotel, acabando a la una o las dos de la mañana, ni programarán los seis capítulos de El corazón del océano en un par de días por miedo a que fracase… Porque (y me da igual si son compradas a propósito o venía en un pack con más) si tienen miedo, que no las pongan.

A mí no me sirve de nada que las cadenas nacionales, ofendidas por su discutida calidad, se lancen a por mercados que “seriéfilos” o “teléfilos” señalamos como destacables. Porque aspectos como la producción, la programación y la promoción contribuyen a añadir valor a la calidad de las series americanas o inglesas. Porque hasta el más exquisito de los platos pierde atractivo e interés cuando se sirve como si de rancho se tratara.

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