Todos tenemos un miedo. Y todos nos llevamos un susto de vez en cuando. Un peatón silencioso en una calle oscura, un mueble que se expande, una ilusión óptica que nos engaña y nos sobresalta, o nos hace encogernos en la cama. Todos hemos oído leyendas urbanas que mueren en el humor recurrente o hacen más llevadera una reunión de amigos. Y alguna vez nos hemos descubierto pronunciando absurdos nombres frente a un espejo u observando con curiosidad una ventana sombría tras la que parece esconderse alguien. Probablemente Ryan Murphy y Brad Falchuk también. Y de esos miedos, y de tardes de sádica creatividad nació American Horror Story. Y no es una historia de terror cualquiera.

La serie que estrenó FX en octubre, es una grata sorpresa dentro de un panorama de novedades en el que las esperadas triunfadoras no son tales, y las producciones  interesantes no alcanzan ni para un digno póker. Y es interesante por partida doble. Por un lado es una serie hecha con brillantez y elegancia, de guión impecable y fotografía preciosista. Por otro su argumento es un mérito en sí mismo. Por que todos los días podemos ver (mejores o peores) series de policías, de médicos o de gente peleada con la vida. Pero las oportunidades de ver trabajos que unen familias rotas, casas encantadas y personajes en busca de historias de miedo son escasas, y es de agradecer que la cadena se haya lanzado a realizar un producto que en principio podía no resultarle apetecible al público.

Pero los creadores y los creativos se cuidaron mucho de procurarse una audiencia hambrienta de productos novedosos, llamativos y cuidados. Para entonces muchos ya estábamos tentados por un reparto de envidia que ha cumplido con creces lo que de ellos esperábamos. No sé si empezar por la dulzura que aún con cara de susto, desprende Connie Briton, las ganas que tenía de volver a ver Frances Conroy o lo grato que resulta descubrir a Dylan McDermott más allá de los trajes de abogado. Por no hablar del indescriptible papel de Jessica Lange, (probablemente el personaje más desgraciado de la historia de la televisión) la inquietud que despierta Denis O´Hare o el descubrimiento de otra artista de la familia Farmiga, la sexta hermana de la también actriz Vera Farmiga, Taissa. Y me dejo a algunos que siempre estuvieron muertos, a los que no lo estaban y lo están y probablemente a los que no lo están y lo estarán.

American Horror Story puede presumir de ser una serie tan original como bien hecha que mientras trata de contar al espectador el triste porvenir de la familia Harmon pone cuerpo y alma a las miserias humanas, a la violencia incomprensible, la locura inexplicable o los horribles hechos que convierten a los seres humanos en monstruos. No me atrevo a aventurar que nos depararán las historias de “la casa de los asesinatos”, ni los secundarios con los que nos seguirán sorprendiendo. Tampoco tengo muy claro si la ansiada (y apetecible) segunda temporada será necesaria. Pero lo que es seguro es que la serie de Murphy y Falchuk es una de las obras más sorprendentes y atrayentes del panorama moderno televisivo.

Que no es poco.

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