Black Mirror, profecías para un futuro tecnológico


Anoche, en sueños, me convertí en productora de televisión, (de un país sin determinar) y se me apareció el genio de la lámpara televisiva, que me dio a elegir entre varias cualidades con las que dotar mis próximas, y exitosas, superproducciones. Enfrentándolas, el genio, que tenía cierto parecido a Judd Hirsch, me obligaba a decidirme entre dar a mis producciones la calidad de las grandes obras de la HBO o contar con la capacidad imaginativa y creadora de las producciones británicas. Incapaz de elegir, he despertado entre sueños, exclamando “no puedo escoger, no puedo, no puedo”. Supongo que el hecho de que dedicase la tarde de ayer a ver Black Mirror, de la cual llevo un mes leyendo y oyendo excelentes críticas, tiene algo que ver en mis fantasías catódicas. Porque al finalizar los tres capítulos que componen esta producción del canal británico Channel 4, uno no siente la sana envidia que dejan las grandes producciones americanas, sino la incómoda duda de si sólo los hijos de la Gran Bretaña tiene la capacidad de llevar a la pequeña pantalla historias tan interesantes como estas tres, y como muchas otras.

El nexo de unión de los episodios autoconclusivos de Black Mirror es la tecnología y como ésta podría cambiar y manipular la vida de los seres humanos en un futuro, cercano en ocasiones, utópico en otras. La televisión, las redes sociales o algunos inventos que se han instalado entre nosotros en los últimos años y de los que desconocemos su futuro desarrollo, se convierten en elementos de enorme poder con consecuencias siempre dolorosas. “The National Anthem” el sorprendente capítulo inaugural, es una dura crítica al poder de las redes sociales, a lo voluble de la política y lo manejable de los sentimientos humanos en momentos críticos. El cierre del capítulo es una soberbia muestra de la hipocresía que envuelve la política y las relaciones sociales. En segundo lugar podemos disfrutar de “15 Millions Merits” que si bien recuerda a novelas futuristas de Huxley o Orwell, sorprende con su novedosa imagen de una sociedad que trabaja, de forma casi cómica, para lograr sus pequeños y fugaces sueños, viéndose siempre condenada por aquellos que manejan el poder. Para terminar “The Entire History of you” dibuja un siniestro retrato de un futuro que probablemente no tarde mucho en llegar, en el que los humanos registremos en una especie de USB vital, cada uno de nuestros recuerdos, disponiendo de ellos a nuestro antojo. La asfixiante atmósfera en la que se sumerge el protagonista, por culpa de los celos, ofrece un inquietante resultado para el espectador.

Si tengo que decidir me quedo con el segundo capítulo, que si bien no resulta totalmente novedoso, deja un triste regusto amargo que hace del conjunto de la obra un relato quizá largo, pero certero, de los peligros de la telerealidad y lo que ésta hace con sus participantes. Y con el mundo en general. Mi miniencuesta twittera se decide por el primero, paradójicamente, mientras que las buenas críticas que había leído por ahí alababan con mayor ahínco el inquietante último episodio. Da igual. Black Mirror es un certero conjunto de historias, imaginativo y original, que trata de alertarnos y hacernos reflexionar sobre los muchos peligros que podrían traer los avances tecnológicos que hoy en día sólo parecen ofrecer ventajas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s