Se ha obrado el milagro, y ahora estoy enganchada a una comedia. Lo he hecho en silencio, sin dejar constancia en esa herramienta sólo práctica para las personas con escasa memoria, Miso, simplemente porque fracasos previos hacían el éxito de la aventura algo poco probable. He estado sin pregonarlo hasta hace unos días, cuando las carcajadas mientras ves los capítulos hacen inevitable que las recuerdes en las situaciones más absurdas y los momentos más inesperados. E incluso me he sorprendido a mí misma dudando de la realidad y de la ficción y pregúntandome si el terrible y fogoso Zorp formaba parte de este mundo, o del catódico. Señoras y señores, si en algún momento de mi vida trabajo para la administración, a falta de poder ser en la Casa Blanca del presidente Bartlet, que sea en el departamento de Parques y Recreaciones de Pawnee, Indiana. Porque con el paso de los capítulos, el pulido de los guiones y la definición de los personajes, es inevitable no querer a Parks & Recreation.

Son muchas las razones que los amantes de esta serie tiene para conocerse sus diálogos, usar sus imágenes como avatares o recomendarla al primero que pase. Aquí quedan las mías:

Leslie Knope. Que levante la mano quien no quiera ser amiga de esta mujer obstinada, un poco cabeza loca, obsesionada con el gobierno, enamorada de la ciudad que le vio crecer y que nunca se rinde ante un no como respuesta. Esta joven que aspira a ser la primera Presidenta de los Estados Unidos y que idolatra a toda mujer con capacidad de mando, te conquista el corazón con sus ideas absurdas, su desbordante optimismo e incluso su comportamiento infantil. Lo mejor y lo peor del político medio queda dibujado por una Amy Poehler que me costará ver en otro papel.

Ron Swanson. Su antítesis laboral, jefe y sin embargo amigo, es uno de los personajes más rotundos y radicales que yo he visto en mucho tiempo. Con frases como “Los cumpleaños fueron inventados por Hallmark para vender tarjetas” y perlas mucho más desvergonzadas y violentas, este hombre maduro cuyo mayor interés es no mostrar interés se descubre, con el paso del tiempo, y sin lugar al drama, como “el padre” de una panda de seres a cada cual más insensato.

El (insensato) grupo de acompañantes. Una enfermera inocente se convierte sin querer en la mejor amiga de Leslie, que trabaja con un joven con ínfulas de protagonista, un hombre maduro con aires de fracasado, una afroamericana vital, y conductora de un Mercedes, y una joven cínica y oscura. Esos son Ann, Tom, Jerry, Donna y April, que junto al impredecible Andy Dwyer se enredan en las siempre sorprendentes aventuras de Leslie Knope.

Las nuevas incorporaciones. El final de la segunda temporada deja entrever que la serie va tomando forma, pero la llegada de Rob Lowe y Adam Scott, es un brillante aditivo a ese abanico de personalidades que forman los arriba citados. Su presencia ha aportado verborrea y timidez, ejercicio y responsabilidad y una multitud de tramas que sin duda, contribuyeron al crecimiento de la serie.

Fiestas paganas y de guardar. Como todo pueblo que se precie, como buenos estadounidenses y como personas que son, Leslie y compañía celebran fiestas con cierta asiduidad, con lo que el alcohol, la música y los disfraces aportan a un buen capítulo. Ya sea en forma de cumpleaños, boda o un agitado Halloween, reviviendo la maltrecha economía de Pawnee o lanzando al mercado Snake Juice (¡ese capítulo!).

Little Sebastian.  Por si todo lo anterior fuese poco, la apacible localidad de Pawnee cuenta con una peculiar mascota, Little Sebastian. Un pequeño caballo (con pinta de pony) es adorado por cada ciudadano con un fervor, a veces incomprensible. Los capítulos en los que este pequeño animal se convierte en protagonista principal, el elenco de actores habitual pierde, cómicamente, su capacidad de raciocinio.

Los visitantes. La lista de actores recurrentes e invitados con los que Greg Daniels y Michael Schorr obsequian a los fans de la serie forma un completo casting. Comediantes como Louis C.K o Matt Besser, actores como Ben Schwartz o Pamela Reed y jugadores de baloncesto como Detlef Schrempf o Roy Hibbert complementan un reparto con experiencia, pero mayoritariamente desconocido para el gran público.

Knope 2012. Porque ayer, con el regreso de la cuarta temporada, comenzó el despliegue de las armas políticas de esta mujer nacida para servir a la sociedad, y ello puede dar lugar momentos brillantes que quizá humanicen a los dirigentes, y sus campañas electorales, o quizá, los hagan aún más absurdos.

Pwanee, sus alocadas historias tradicionales y legendarios murales del ayuntamiento, en los que cuentan cosas horribles sobre la expulsión de los indios y el asentamiento del hombre blanco en aquel remoto lugar de Indiana, por su fría enemistad con Eagleton, sus “mini-parques” y sus molestas zanjas, su Zoo y, cómo no, por sus reuniones de vecinos.

Por último, aunque no menos importante, porque los padres de Parks & Recreation fueron productores ejecutivos en The Office y eso quiere decir algo. Porque si te gustaba la serie protagonizada por Steve Carell, P&R nació como un spin-off suyo. Y si no, como a mí, porque esta es la viva prueba de que puedes odiar a Michael Scott y querer a Leslie Knope aunque, casi, tengan el mismo padre.

Anuncios