Una de las pocas cosas buenas que trae este junio lleno de grandes finales es, junto a The Newsroom, la tercera temporada de Louie, la serie dirigida, protagonizada, escrita y producida por el cómico estadounidense Louis Szekely, más conocido como Louis C.K. Yo tuve el gusto de conocerle en Parks & Recreation, donde tonteaba con nuestra querida Leslie Knope y me animé a ver su serie, como tantas otras, gracias al run run del pajarito azul. Y sin ser fan de Larry David, aunque sí de Jerry Seinfeld, ya ves tú, me fue convenciendo conforme avanzaban los capítulos y me ha ganado para la causa con los brillantes episodios finales de la segunda temporada. Vaya por delante que Louie no es una comedia al uso, ni Louis un hombre normal, y gente que considero que tiene buen gusto me ha dicho que no le encuentra la gracia. Pero también decir, que gracias a él, he visto, entre otros grandes momentos, uno de los mejores episodios de este año. Aunque es de 2011.

Esta producción que FX estrenó en 2010 tiene un presupuesto de doscientos mil dólares por capítulo, y se dedica a narrar algunos episodios, reales o inventados, de la vida del propio Louis C.K. Y el espectador se encuentra a un cómico malhablado, a veces escatológico y un poco inmaduro que tiene que lidiar con su divorcio y sus hijas, sus extraños amigos y el impredecible Nueva York en el que vive. Es un hombre inseguro con las mujeres, ridículo y exasperante en ocasiones, que trata de comprender el mundo que le rodea a veces lógicamente, a veces absurdamente. Y lo hace a través de situaciones comunes para todos, como la inesperada pregunta de una niña, la frase ridícula de un amigo o una absurda situación en medio de la calle.

Los capítulos comienzan con sus habituales monólogos en el Comedy Cellar, en los que da rienda suelta a su yo más gamberro y trata de hacer reír al espectador allí presente, poniéndose en la piel de un adolescente, un borracho o un abnegado padre de familia. Minutos después te encuentras en medio de su vida, en el parque, en el baño o en el bar. Con sus hijas, con sus desastrosas citas, con sus compañeros de profesión o con esos amigos que sólo quieren despedirse para siempre o les incitan a embarcarse en aventuras innecesarias. Y entonces es tímido, cabezón e incomprensible. Pero a pesar de resultar demasiado insensato en ocasiones, en otras, tras provocar la carcajada, consigue hacerte pensar. Que no está mal para los tiempos que corren. A esto le podemos sumar que Louis ha anunciado que en la tercera temporada Susan E. Morse será la encargada de editar los episodios durante la tercera temporada, y ya nos ha deleitado con cositas tan “de Woody Allen” como ésta.

Louie se sitúa conforme avanzan los capítulos y sin dejar de lado el humor surrealista, me parece que, en la segunda temporada, se centra más en los problemas familiares y habituales de un hombre normal y da lugar a grandes momentos llenos de humor, a veces muy muy negro. Para los ansiosos por conocer el capítulo, decirles que se trata del undécimo de esa temporada, de duración doble a la habitual e ideado por su hija de seis años. Aunque toda la temporada resulta redonda gracias a su embarazada hermana, su sobrina, o su abuela. Así que a ver si llega pronto el 28 de junio y vuelve el hombre que no concibe como alguien puede levantarse antes de que sea estrictamente necesario, que lleva un animal a casa pensando en la dramática e inevitable escena final de dentro de unos años o que cree que si matas a alguien y no te pillan, es como si no hubieras hecho nada malo.

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