Si algo demuestra The Newsroom es que no hay cosa que más nos guste a los periodistas que ver cómo alguien se toma la molestia de llevar nuestras interesantes (sic) vidas a la pantalla. Pero en el periodismo también se puede elegir, y mientras que hay fanáticos de la información televisada, o amante de las noticias  en papel, somos muchos lo que hace tiempo, y sin saber muy bien porqué, nos sentimos seducidos por la posibilidad de poder apretar un botón y escuchar lo que necesitemos en cualquier momento y lugar. La radio, ese invento casi centenario que para algunos jóvenes es un medio invisible, ofrece información, compañía y música por el mismo precio. Es ese medio, tan propio de nuestros abuelos,  que los smartphones han convertido en algo innecesariamente complejo, gracias inútiles aplicaciones y complicadas herramientas. El medio en el que sólo sirve escuchar, y poner en marcha la imaginación.

Quizá la importancia de las palabras, y la irrelevancia de las imágenes, sean algunas de las razones por las que son escasas las series de televisión que se han preocupado de descubrir los entresijos de un mundo al que muchas veces es mejor “no poner caras”. Sin embargo, en esta temporada que comienza, gracias a la NBC, serán dos las producciones que van a regresar a un estudio de radio, preparados para encender la luz de “On Air” y romper el silencio de las ondas. Por un lado, el esperado regreso de Matthew Perry, Go On, narrará la nueva vida de Ryan, un periodista deportivo que para sobreponerse de la muerte de su mujer acude a terapia. Por otro, en la midseason llegará Next Caller, en la que dos estrelllas de la radio, interpretadas por Dane Cook y Collette Wolfe. se verán obligadas a compartir un programa a pesar de que no tienen nada en común. La importancia del medio parece que será mayor en la segunda, ya que tal y como hemos podido observar en los primeros capítulos de Go On, Perry estará más centrado en sus preocupaciones senti/mentales, aunque Next Caller tiene cierto tufillo a Sálvame radiofónico que puede llegar a ser vergonzante.

El referente más cercano que me viene a la mente cuando pienso en la radio y las series de televisión es, curiosamente, un psiquiatra, Frasier Crane. Once temporadas dan para mucho y a pesar de que no siempre estaba garantizada la presencia de buenos momentos radiofónicos, sus tramas eran en ocasiones, lo más cerca que ha estado la televisión norteamericana de la “radioterapia moderna”. Entre 1995 y 1999, la NBC emitió News Radio, sobre las relaciones de un grupo de periodistas de la segunda cadena más escuchada de Nueva York. Más recientemente, en Treme, el inquieto Davis McAlary, personaje interpretado por Steve Zahn, ha utilizado las ondas para expresar sus proclamas y reivindicaciones, hasta que su rígido, y poco amigo de las bromas, jefe le ha enseñado la dirección de salida. Pero antes que todos ellos, la radio local de Cicely, KBHR 570 AM, de la que era dueño el Sr. Minnifield, y que tantos momentos de entretenimiento proporcionaba gracias a las reflexiones de Chris Stevens, a los habitantes de esta remota ciudad de Alaska. Para los más locales, y los más mayores, queda Tristeza de amor, de la que sólo recuerdo su apenada y ochentera cabecera, con el tema homónimo de Hilario Camacho.

Gracias a todas ellas hemos conocido las muchas particularidades de los oyentes de radio, desequilibradas estrellas mediáticas y voces, que como dice el manido latiguillo, acompañan. Se echa en falta una producción seria, que como ya se ha hecho con el mundo de la tele o de los periódicos, narre los entresijos del medio. Dentro de unos años quizá, la industria encuentre un Aaron Sorkin radiofónico, que se empeñe en mostrar los entresijos de un mundo que va más allá de la música y la psicología, que hasta hace poco era el primero en contar la noticia y que, a mi modo de ver, exije una creatividad mayor que la prensa escrita o la televisión. Hasta entonces, sintonicen sus transistores y déjense llevar por las voces de aquellos que, a cualquier hora del día y de la noche, están ahí.

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