Teníamos un profe de química pluriempleado y reconvertido, unos zombies y variados vampiros, publicistas de los 50 y doctores promiscuos, jóvenes de instituto y de universidad, policías, ladrones, padres no precisamente ejemplares y supervivientes a catástrofes naturales  y a la ineficacia gubernamental… Lo teníamos casi todo, y cuando nos faltaba tirábamos de archivo para recordar mafiosos, familias poco normales y demás prodigios de la televisión. Y gracias a la famélica temporada 2012-2013 tenemos el personaje que faltaba en nuestras vidas, los bíceps de nuestros sueños y las arraigadas convincciones tan necesarias quizá en ésta época. Oliver Queen y sus ansias por redimir las acciones de su padre han llegado a nuestros televisores, y traen con ellos las siempre efectivas intenciones de un Robin Hood moderno, que con las artes de un caballero actualizado trata de devolver a las calles de Starling City el brillo y la honradez que nunca debieron perder.

Arrow es mi primera serie de la cadena The CW, nacida de la unión de UPN y The WB en el año 2005, y cuando, ante mi ignorancia en el mundo del cómic, leí el argumento me llamó la atención sin reparar en la poca fortuna que los héroes de las historietas gráficas habían tenido en la pequeña pantalla. Y era tan optimista respecto al resultado, bendita ignorancia, que lo que me ha sorprendido es la propia sorpresa de los pesimistas que más que esperarla la temían. La serie creada por Marc Guggenheim, Greg Berlanti y Andrew Greinsberg se basa en las viñetas que el artista Greg Papp y el escritor y editor Mort Wesinger (creador de Aquaman) publicaron en la compañía DC Comics desde principios de los años 40. A la vista del argumento de la historia que crearon ambos, la Flecha Verde televisiva no se ciñe estrictamente al papel, pero sí utiliza a su antojo los personajes que la componen.

Villanos y enemigos como Deadshot, Deathstroke y China White ya se han enfrentado a Oliver Queen en los primeros capítulos, y está confirmado que en los próximos encontraremos a los alter ego modernos del conde Vértigo, Firefly y Vendetta. Habrá que esperar para saber si la joven Thea se convierte en una aliada para su hermano, pero ya se puede reconocer la habilidad que los creadores han tenido reviviendo a la madre de ambos, otorgando una pizca de drama y conspiración a la serie que multiplica y alimenta las tramas, algo de lo que también se nutre el triángulo amoroso. Yo que soy muy de parejas televisivas estoy especialmente contenta por la unión (“Contigo, no para tí”) de Diggle y Oliver, gracias a la cual el héroe encuentra el necesario oído que le escuche, la mano que le ayude y los ojos que le vigilen.

No soy tan entusiasta como aquellos que sin que les tiemble la mano apuestan por Arrow como la mejor producción que nos trae el otoño, no sé si por el cariño que también el tengo a Nashville o porque a pesar de su calidad, me niegue a creer que ésto es lo mejor que pueden dar de sí las cadenas norteamericanas este otoño. Pero mientras me lo pienso seguiré enganchada a las aventuras de este joven guapo y millonario que busca redimirse consigo mismo y con su pasado siendo alguien que nadie cree que pueda ser. Oliver, con su arrogancia y su mirada altiva, guarda bajo su capucha verde la ira necesaria para impartir justicia en Starling City, mientras convive con la incompresión de los que están a su lado. Un héroe contemporáneo, muy a su pesar, dispuesto a no cruzarse de brazos frente los que han fallado a la sociedad.

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