Quién me iba a decir a mí hace un año que iba a estar tan encantada con la cuarta entrega de Justified. Y es que Raylan Givens y yo nos distanciamos ligeramente a lo largo de la tercera temporada de la serie de FX, y la terminé ligeramente desencantada, pensando que la magnífica segunda tanda de episodios había sido únicamente cuestión de suerte, y de actores. Pero no, no fue cosa de la suerte y quizá deba asumir que por no gustarme a mí no fue, consecuentemente, mala. Perjuicios a parte, tenía muchas ganas de que Raylan volviese a impartir justicia por su Kentucky natal, y parece que el Marshall ha regresado con el gatillo más ligero que nunca. Por si esto fuera poco el eterno enemigo Boyd Crowder y él, tienen un misión común, aunque como es de esperar, los medios que utilizarán para llevarla a cabo son, salvo forozosas excepciones, diametralmente opuestos.

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La temporada comienza con un flashback hasta 1983, un paracaidista estampado en la carretera y una valija diplomática que termina convirtiéndose en el objeto de deseo de unos cuantos tres décadas después. Si en los primeros episodios la bolsa y las diferentes manos por las que ha pasado son una trama secundaria, que complementan la nueva forma de ver la vida de Raylan y los problemas que vive Boyd con la llegada de un predicador a Harlan, conforme avanzan los capítulos se convierte en el eje central de la serie, y todos se preocupan por desvelar el misterio que envuelve la bolsa de procedencia panameña y que apunta a un sólo hombre, Drew Thompson. Sin prisa, los creadores desarrollan una sólida historia en la que los personajes principales tratarán de desenmascarar su objetivo, tejiendo una densa red en la que sus vidas privadas y sus asuntos laborales ya están repletas de inconvenientes como para ocuparse de la gran carrera por ese tesoro humano que es Thompson.

Para que esos inconvenientes resulten interesantes, y convenientes, es necesario un sólido elenco que lo respalde, algo en lo que Justified ya tiene experiencia. En esta ocasión, sin los Bennett y la gran Martindale, o Robert Quarles enfrente, el guión se ha encargado de otorgar más peso a las historias de Ava y Johnny Crowder, Wynn Duffyn, el jefe Art Mullen y el sheriff Shelby Parlow, que fue ganando relevancia conforme avanzaban los capítulos y después del último se ha convertido en el eje central del misterio. A este diverso grupo se añade además la única incorporación fija en la cuarta temporada de la serie, el personaje encarnado por Ron Eldard, Colt Rhodes. A pesar de que pudiera parecer que Colt es más un estorbo que otra cosa, sensación a la que contribuye el desasosiego que trasmite su historia, es de esperar que muy pronto este hombre inseguro, adicto y violento encuentre, por lo civil o por lo penal, un final para su triste historia. De momento, sorprendentemente, no ha sido víctima de la ira de su jefe, lo cual quizá sólo posponga el final que todos suponemos.

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El placer que produce ver a Boyd y Raylan en plena forma, con una misma meta y en una situación personal antagónica, con momentos en los que se odian y en los que se protegen, es un regalo para los espectadores que disfrutan de esos encuentros llenos de latigazos verbales, silencios obligados y tensiones no resueltas. El policía y el delincuente atraviesan momentos trascendentales de sus vidas, y mientras el primero trata de cubrir una ausencia, asumir responsabilidades y lidiar con el, hasta ahora, incómodo lazo familiar, el segundo se plantea, a su manera obviamente, sentar la cabeza y formar una familia, a la vez que se entrega en los brazos del siempre atractivo negocio a escala nacional. Ambos saben que encontrar a Drew Thompson puede cambiar sus vidas y hacerlas un poco menos miserables, algo más felices, alejándolos de aquellos que o bien les chantajean o bien les arrastran por carreteras comarcales en busca de un suplemento salarial.

Ahora que ya han puesto cara al hombre misterioso cuya búsqueda ha ocupado toda la temporada, es probable que la carrera se acelere, y las prisas nunca fueron buenas cuando policías y delincuentes compiten por un mismo objetivo. Si a esto le sumamos que todas las cartas están sobre la mesa después de haber renunciado a uno de los personajes más importantes de la serie, y sin noticias acerca de la posible renovación de Justified por una quinta temporada, los próximo cuatro capítulos están abiertos a cualquier posibilidad, tanto para lo bueno, como para lo malo. Siendo realistas, es practicamente imposible que los dos componentes de la querida “no-pareja” protagonista salgan indemnes de semejante aventura, por lo que tendríamos que asumir que en algún momento, ni la capacidad vengativa, ni los Dairy Queen, ni la rapidez a la hora de empuñar un arma, son infalibles. O sí.

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En cualquier caso lo que está asegurado es que disfrutaremos con intensidad del final de la cuarta temporada de la serie, que sin ningún rubor me atrevo a situar a la altura de la segunda, y por lo tanto no nos debería extrañar encontrarla entre las nominadas a alguno de los galardones del medio. Pero aunque esto no pase, y a poco que los próximos capítulos estén al nivel de los anteriores, los seguidores de la serie de Graham Yost habremos disfrutado de una gran temporada, en la que nos hemos visto envueltos en un misterio y una historia propia de los buenos thrillers.

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