Que la tecnología avanza a velocidad de crucero es por todos sabido, y que ello supone grandes avances en el mundo de la televisión es algo que ya hemos comentado en este mismo blog no hace mucho. Esta semana se ha producido un hecho que podría cambiar la historia de algunas de las producciones más queridas de la pequeña pantalla en los últimos años. Veronica Mars regresará en 2014 a Neptune para alegría de miles de seguidores, y probablemente financiadores, que serán responsables directos de que la película llegue a los cines ese mismo año. Todo ello gracias a la inocente idea de un amigo de Rob Thomas que, probablemente cansado de oír al creador lamentarse de la falta de apoyos para hacer la película, le sugirió que hiciese de ella un proyecto de crowfunding.

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El propio Thomas, junto a la actriz prinicpal de Veronica Mars, Kristen Bell, consiguieron la aprobación de Warner Bros. que tiene los derechos de la serie, para lanzar a la red semejante ocurrencia, con la promesa del estudio de unirse al proyecto si conseguían la financiación necesaria. Thomas hizo cuentas, dos millones de dólares, y se puso un plazo, un mes, dejó la propuesta en la web Kickstarter y se sentó a esperar. Y los fans de esta producción emitida entre 2004 y 2007, los amantes de los proyectos arriegados y aquellos con unos cuantos dólares destinados a las buenas causas, acogieron la propuesta con alegría y algunas monedas, alcanzando la deseada cifra en menos de veinticuatro horas.

Consciente de lo que esto supone para muchas producciones que terminaron prematuramente o son añoradas por la audiencia, algunos creadores expresaron en las redes sociales su interés por ver en que desembocaba semejante hazaña. Por ejemplo Shawn Ryan, padre de The Shield y la incomprendida Terriers, reconocía en su cuenta de Twitter que el crowfunding podría ser una buena forma de enmendar el brusco final de la última. Mike Royce, responsable de la serie de TNT Men Of A Certain Age, también se mostró muy receptivo ante la sugerencia de seguir el ejemplo que le hizo un seguidor que probablemente  se muerda las uñas aguardando más minutos de la producción suspendida en 2011.

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Nostálgicos irremediables que darían un dedo por disfrutar de nuevo de Gilmore Girls o Dawson’s Creek, soñadores amantes de My So Called Life que imaginan a Claire Danes de vuelta en el Instituto Liberty, románticos seguidores de Friday Night Lights que desean ver de nuevo en la pantalla al matrimonio Taylor o frustrados conspiranoicos que se saben Rubicon al dedillo habrán soñado ya con un creador, un actor o un productor que se anime a copiar el ejemplo de Bell y Thomas. Porque, más allá de demostrar si el respaldo a la producción era el que creían, lo que sería la “honrilla fan”, lanzarse a la aventura de la financiación colectiva no muestra inicialmente mayores inconvenientes.

Lo que puede ser una alegría para miles de fans desconsolados y un consuelo para creadores frustrados, también puede convertirse en un interesante banco de pruebas para los estudios de televisión, que acostumbran a jugar con rumores de posibles películas sobre sus series, como un novio cabrón juega con los sentimientos de su antigua amada. Warner Bros ha encontrado en los fans que tanto decían venerar la serie, el dinero que ellos no estaban dispuestos a poner por miedo a que el proyecto resultase un fracaso, ahorrándose así los riesgos de una operación que sólo les aportará beneficios. Así que no nos debería extrañar que dentro de unos meses aparezca en la red una nueva producción que copie el ejemplo dado por los creadores de Veronica Mars. Que la propuesta tenga la calurosa acogida que los seguidores de Mars han demostrado, eso sólo el tiempo lo dirá.

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