Resulta curioso comprobar, que hay series de televisión de las que sabemos hasta el número de veces que se repitió una escena, mientras que hay otras que pasan por nuestras parrillas, y nuestras vidas, sin hacer demasiado ruido, sin derramar líneas sobre ellas ni convocar grandes audiencias. Si de las primeras hoy en día los ejemplos son evidentes, Game Of Thrones y Mad Men sin ir más lejos, de las segundas, a estas alturas de la temporada, el caso más evidente es Shameless US, que ha puesto fin a su tercera temporada, con 1,8 millones de espectadores, pocas líneas y escaso ruido. Una pena, teniendo en cuenta los grandes momentos que hemos vivido a lo largo de doce episodios, más sólidos y contundentes, en mi opinión, que en la entrega previa y tan descarados y sorprendentes como nos han acostumbrado.

Episode 310

Parece que fue ayer cuando volvían a nuestras pantallas, luchando como siempre por mantener el fondo ardilla suficientemente nutrido para después poder sobrevivir al duro invierno. Con Frank desaparecido las cosas en casa Gallagher parecen sucederse sin demasiadas alteraciones, aunque Jimmy trabaja duramente por llevar adelante su doble vida y Fiona, cansada literalmente de tanta mierda, trata de recuperar una oportunidad perdida. Pero no tardamos en ver al cabeza de familia, que aparece a miles de kilómetros de su bar favorito más cercano, indocumentado y tomando medidas extremas para regresar a casa. Y como si fuese un huracán, atrae el desastre y se gana la furia de la única de sus hijas que aún se preocupaba por él, mientras Mickey vuelve a la vida de Ian y Verónica trata de sacar a una intrusa de la suya propia. Mientras el brillante Lip continúa cargando con el peso de sus capacidades y nuestra querida Sheila se desvive por su nieto y trata de cubrir sus apetencias sexuales.

A lo largo de toda la temporada hemos podido ver a todos los personajes lidiando con sus propias luchas, con más o menos suerte, y con un fin común, sobrevivir y mantener a la familia unida. Hemos descendido con Fiona a las cloacas del mundo laboral, situadas en la oficina del jefe del supermercado, y ascendido a los niveles necesarios para alcanzar la satisfacción personal, en forma de repentina sustitución que se esfuerza por convertirse en algo más. Hemos regresado a la tiranía de la adolescencia con Debbie y a la crueldad del amor no correspondido (debidamente) con Ian. Y hemos comprendido que no existen medidas imposibles cuando se desea algo con mucha fuerza, y mucho amor, como Verónica y Kevin, aunque en el caso de Karen, no sirve ya que las medidas más que imposibles fueron intolerables. Shameless Us maneja como nadie ese punto tan favorecedor que otorga la posibilidad de lo imposible, tan lejos de la corrección política como de otras producciones similares pero menos arriesgadas, que nunca se atreverían a ofrecer ciertos enfoques, como el de Sheila y “Retard Nation”, la fugaz vecina pervertida o la exitosa y breve inmersión de Frank en la comunidad gay.

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Esa capacidad para sorprender, que sin querer puede llegar a molestar, está avalada por unas grandes interpretaciones del elenco en general, y sostenida por dos grandes pilares como son, cual Ying Yang, Frank y Fiona. El personaje de William H. Macy termina gravemente enfermo una temporada en la que se convirtió, una vez más, en un ser odioso capaz de destrozar la vida de sus hijos, y tuvo tiempo de resarcirse dando un paso al frente cuando los policías se llevaban a Carl. Por el camino sus acostumbradas barbaridades, su alcoholismo y la ya sabida capacidad para amoldarse a cualquier cama caliente. Por su parte, la joven encarnada por Emmy Rossum ha terminado por confirmar sus cargas familiares, en forma de sentencia judicial, ha avanzado en su carrera profesional y ha intentado mantener una relación con un hombre que sin querer, se conviritió en el socorrido esposo que todo matrimonio consolidado durante varias décadas necesita cuando es la mujer la que trabaja. El problema reside en que las décadas en realidad fueronn meses, y Jimmy no era precisamente ese hombre capaz de asimilar ese rol sin desequilibrarse e intentar encontrar una salida.

Pero en la serie creada por Paul Abbott y desarrollada en Estados Unidos por John Wells, los personajes principales son tan importantes como los secundarios, y una vez más, el abrigo que ofrecen las historias de Verónica y Kevin y de Sheila son un excelente complemento a las aventuras de la familia Gallagher. Una vez más reclamo desde aquí un premio para esa maravillosa actriz que es Joan Cusack y que hace de Shameless US una serie más alocada, más dura y más tierna. Y la pareja encarnada por Shanola Hampton y Steve Howey pasarán definitivamente a mi olimpo de las grandes parejas seriéfilas, esas que sobreviven con amor y simpatía a lo mejor y lo peor de la vida. La despedida ha sido difícil, las alegrías y las penas han ido casi a la par y el último episodio es una sucesión de sonrisas y ceños fruncidos, que dejó pocas dudas, y bastantes cambios, de cara a la próxima temporada. Habrá que esperar unos meses para despejar alguna de las incógnitas, comprobando, por ejemplo, los actores que continúan en el reparto, y a que llegue 2014, para que regrese este grupo tan maravilloso como estrambótico, esta serie tan difícil y tan alocada como imprescindible.

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