Entre los reproches que se pueden hacer a la escasa y poco cuidada oferta de series de televisión extranjeras que nos ofrecen las cadenas nacionales, se encuentra sin ninguna duda, el mísero apego que los programadores de televisión tienen por las series creadas más allá de los estudios norteamericanos. Porque hay vida más allá de las creaciones estadounidenses, aunque a veces a los seriéfilos también nos cueste reconocerlo. Pero ver en España una serie extranjera que no haya sido producida por una cadena de Estados Unidos es casi una misión imposible, y no porque no hayan creaciones al nivel de las exigencias de los espectadores locales. Más allá de la exitosa Downton Abbey y alguna que otra producción de corte similar, poco saben las televisiones españolas sobre la ficción que se hace a este lado del Océano Atlántico. Y a muchos nos gustaría que nuestros amigos o familiares, que tanto repelen la versión original, tuviesen la oportunidad de ver producciones como Bron/Broen, Les Revenants o muchas de las habitualmente brillantes miniseries británicas con la misma facilidad con la que pueden ver cualquier serie norteamericana de menor calidad. A esa lista de pequeñas producciones televisivas que no todos podemos disfrutar se ha sumado, sin ninguna duda, la última creación de la cadena inglesa ITV, Broadchurch.

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Creada por el guionista Chris Chibnall, esta miniserie de ocho capítulos parte de un planteamiento simple y que hemos podido ver en muchas ocasiones en la pequeña pantalla: un pueblo pequeño, un asesinato, varios sospechosos. La localidad que da nombre a la serie es un lugar inusitadamente soleado, con bellos acantilados, atardeceres anaranjados y cielos infinitos en la que todo el mundo se conoce y se saluda y la vida transcurre en paz hasta que el cadáver de un niño, Danny Latimer, aparece en la playa. De la investigación se hacen cargo el inspector recién llegado, Alec Hardy, y la detective Ellie Miller, que regresa a su trabajo esperando un ascenso que sin saber cómo ni cuando, le ha quitado la nueva incorporación a la plantilla. Del otro lado, que debida a la cercanía de buena parte de los habitantes del pueblo termina siendo el mismo lado, asistimos al impacto que la triste noticia causa en la familia del menor, con unos padres que buscan respuestas entre acusaciones mutuas y miradas perdidas. Y alrededor de familiares e investigadores, transitan amigos y vecinos que tratan de afrontar la noticia sin dejar de preguntarse cómo ha sido posible que algo así sucediera en aquel remanso de paz, y periodistas, sí, aquí también, que en su verisón joven confunden sus aspiraciones con el interés informativo, y en su versión veterana busca respuestas en fuentes escritas en directorios de papel.

Lentamente, pero sin perder el ritmo y el interés, el espectador es testigo de un “Cluedo” tan ordenado como justificado, en el que la necesidad de no confiar y las pistas, convierten en sospechosos tanto a los que habitualmente estaban cerca de la víctima como a su propia familia. Todos ellos se enfrentan a una realidad que de repente ha dejado de ser idílica, a una ausencia que sólo deja preguntas y transforma el bucólico entorno en el que vivían, en un lugar en el que habita un enemigo que hasta unas horas antes era todo lo contrario. Por si esto fuera poco, los padres de Danny no pasan precisamente por su mejor momento como pareja y los fantasmas del pasado vuelven a visitar al Inspector Hardy, mientras los secundarios que en un principio parecían meros espectadores, desvelan antiguos secretos. Los descartes policiales y el asfixiante ambiente en el que se ve envuelto el culpable terminan por llevarnos a un desenlace inesperado, que en lo que a mí respecta resulta tan creíble como dramático, aunque quizá llegue innecesariamente temprano, o esté demasiado condimentado por los detallados acontecimientos posteriores. Y aunque suelo hacer esto, a partir de aquí, si no habéis visto la serie os aconsejo que vayáis a buscarla, por aquello de no estropear nada a nadie.

La grandeza de Broadchurch reside en la inteligencia con la que ha sabido combinar el suspense, el misterio y el drama sin excesos, tratando de ir más allá de lo mínimamente esperable en un género que últimamente vive una época de esplendor (The Killing, Forbrydelsen, Bron/Broen). Si a esto le sumamos el trabajo interpretativo de la totalidad del elenco actoral y la capacidad de escarbar un poco más allá de la simple escena del crimen, nos encontramos con un excelente producto que viene a confirmar el buenhacer inglés en producciones de este tipo. Tiene mi total admiración la cruel bofetada que el destino le da a la detective Miller entre los verdes campos ingleses, cuando a medianoche se ve a si misma frente a su mejor amiga, que le plantea una pregunta que hasta hacía unas horas para ella misma tenía una única respuesta, la crítica que llevan consigo las historias de dos de los personajes más veteranos, el kiosquero Jack Marshall y la gruñona Susan Wright, o la escasa sutilidad con la que se critica uno de los males del periodismo actual, la ausencia de historias cercanas, olvidadas en beneficio de la economía empresarial. Y los trabajos de los actores principales, David Tennant en el papel de inspector que carga con resignación e ironía con una culpa que resulta por no ser propia, Olivia Colman como decidida detective a la que le espera una pesada carga y Jodie Whittaker interpretando a una madre busca respuestas por igual en lo divino y en lo humano. Si seguís aquí sin haberla visto, no me hago responsable de que para vosotros la sensación de grandeza no vaya a ser la misma, si como corresponde lo habéis hecho, podéis dejar vuestra opinión en los comentarios. ¿Os ha gustado el final? ¿Os esperábais que “ése” fuese el culpable? ¿Qué trama os ha gustado más?

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