Cada vez que alguien en mi timeline de Twitter, que es lo más cerca que algunos estamos de una reunión de seriéfilos, ensalza las bondades de The Good Wife no puedo evitar fruncir el ceño, y sentir una mezcla de envidia y desacuerdo. Tiene que ser algo así como terminar con tu pareja de mutuo acuerdo, y unos meses después ver que hay alguien que valora y quiere todo aquello que antes tú deseabas, pero que hace tiempo que no ves. Porque yo hace tiempo que no siento que la serie creada por el matrimonio King sea una serie perfecta y maravillosa que nos deleita con grandes momentos televisivos en cada episodio, o que la producción de CBS es el mejor drama de la televisión en la actualidad. Bueno, eso creo que no llegué a pensarlo nunca. Terminada la cuarta temporada y con su regreso asegurado dentro de unos seis meses, reconozco que la última entrega ha tenido buenos momentos, con tramas y casos interesantes pero que, para mí, ya no funcionan como antes y la serie se resiente ante el inmovilismo y la repetición de los engaños.

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Cuando llegó Alicia era una mujer que trataba de sobreponerse a la vergüenza a la que su adúltero marido le había condenado, dispuesta a sacar adelante a su familia con mucho esfuerzo, pero siendo una buena y fiel esposa que ante el posible escándalo que supondría el abandono, decide quedarse al junto al hombre con el que se casó. Sé que el título advierte de la paciencia y la capacidad de sacrificio de la buena mujer, pero resulta agotador sentirse, a cada poco, que no siempre quiere ser esa buena esposa, y con los episodios termina siendo una suerte de perro del hortelano con el que los guionistas juegan a su antojo. Conozco un seriéfilo que cree que The Good Wife sería una mejor serie si la trama de Alicia Florrick desapareciese. Yo no quiero ser tan radical, porque me gusta la Margulies desde que la conocí en ER, con su permanente y sus traumas, pero aunque durante esta temporada hemos podido ver cambios en su vida, no creo que éstos hayan sido en aquellos temas que verdaderamente nos preocupaban a los espectadores. O más claramente, llevamos demasiadas temporadas con Will y Alicia mareando una perdiz que está cansada de conversaciones aplazadas, sentimientos aparcados y ascensores que se dejan marchar.

El cambio laboral de Alicia le ha servido para ver el nivel de escrúpulos que se gasta en una reunión de socios, y quizá la forma en la que se sofoca el incendio de los ayudantes del bufete es lo que le sirve a la sacrificada abogada para tomar la decisión que toma en el capítulo siguiente. Si unimos esto al resultado electoral, la próxima temporada se presenta cargada de novedades y a primera vista los vientos soplan en contra de los intereses de la pareja de abogados, pero no dudaría en apostar por que volveremos a ver conversaciones a escondidas y momentos incómodos. Desconozco si Alicia es consciente de que su decisión no es la única que afectaría a Lockhart & Gardner, y si el ascenso de Diane trastocará sus planes. Y tampoco sé cuánto tiempo dedicarán los guionistas a esos tres meses que dice Cary tener por delante antes de emprender el vuelo, una duda que a mi modo de ver puede determinar el interés del inicio de la quinta temporada, al que obviamente también contribuirá la charla que Will y Alicia posponen en el último episodio, y con la que juegan, con gran acierto, los guionistas a la hora de cerrar ese capítulo.

Por lo demás hemos disfrutado de algunos casos de actualidad, como el del dopaje, los embargos por parte de bancos, o el poder de las redes sociales, e interesantes, como aquel que se celebró en  dos condados diferentes, o la vista preliminar para determinar las causas de la muerte. Una temporada más hemos podido ver grandes actores invitados como Christina Ricci, Stockard Channing o Amanda Peet y han regresado muchos de esos intérpretes que hacen de esta serie algo tan particular, como Michael J. Fox, Martha Plimpton o Carrie Preston. Sin embargo, en mi opinión, secundarios como Kalinda o Eli Gold han tenido un peso menor al de entregas anteriores, o se han visto perjudicados por tramas con menor posibilidad de lucimiento que en temporadas previas. Un mal que creo que también padece la trama central de la serie, que depende en exceso de la brillantez de los actores invitados para llegar a resaltar y sostener la total complejidad de una producción que ahora debe afrontar el peso de una quinta entrega y las decisiones que eso conlleva.

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