Si la NBC no hubiese decidido suspender Studio 60, si la HBO no fuese tan inteligente, eligiendo a los mejores, si no hubiese renovado por una temporada más tu última y no perfecta criatura, es probable que yo no estuviese aquí, escribiendo sobre lo paradójico que resulta que The Newsroom y tú hayáis regresado justo ahora. Ahora que en este santo país resulta imposible ver un informativo sin una pieza que gire entorno a política y corrupción, ahora que, cuando no la hay, el periodismo se centra en contar hechos sin interés, en lugar de buscar historias que lo tengan, ahora que el periodismo español de derechas se atrinchera, escorándose tanto en sus posturas que es probable que terminen haciéndose sangre. La viva imagen de la corrección política, y el gran crítico con los medios, que siempre sueña con una profesión mejor, regresa ahora, cuando peor nos viene a todos que nos saquen los colores.

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Por desgracia, la destreza con la que manejabas las historias políticas en la tan añorada The West Wing no ha sabido dar el salto al mundo del periodismo, y aunque es pronto para determinar si has mejorado o no, hay cosas que no me hacen ser muy optimista. Más allá incluso del pelo de Maggie Jordan, del que para saber más tendremos que esperar, aunque también soy pesimista. Por comenzar por algún lado, la paciente calma en la que Will quiere asentarse, ofendido porque le consideran el enemigo, sospecho que acabará convirtiéndose en un volcán que, en el peor momento, termine entrando en erupción. Con la destreza de McHale intacta, y ahí está Washington para confirmarlo y la cartera de Will para sentirlo, la última mirada que éste le echa en el bar, y la preocupación que ambos demuestran por el otro, me hacen temer otro “perro del hortelano” en cuanto se presente la ocasión. Por favor, no lo hagas, más no.

Los jóvenes siguen con sus locuras, con Jim cogiendo autobuses para olvidar, Maggie comportándose como la joven insegura y desquiciada que parece ser y Neal proponiendo historias incomprendidas. Con las palabras que el redactor intercambia con la representante del movimiento “Ocuppy Wall Street” lanzas un cariñoso saludo a todos aquellos que creyeron en la “primavera árabe en América”, aunque tu interés principal son los drones, algo que a la vista de las preocupaciones actuales de Obama es un acierto, probablemente casual. Es obvio que nos has dejado con la miel en los labios y tendremos que esperar uno o dos capítulos para saber dónde nos llevas, lo cual no hace si no aumentar mi inquietud ante tus declaraciones a Hollywood Reporter sobre tus contratiempos con los tres primeros episodios. Y es que rehacer los dos primeros  porque si no habría “un problema estructural con el resto de la temporada” no es precisamente alentador a la vista de como se encuentra la trama.

Tengo la esperanza de que algún día nos cuentes qué te llevó a hacer los cambios, y saber así si sacrificaste un episodio para bien, o para mal. Al igual que espero que el Sr. Costos, uno de los pesos pesados de la cadena en la que trabajas, y ahora embajador en este santo país, te escriba mails todas las noches contándote lo entretenidas que son las cosas por aquí, animándote a llevarlas a la pantalla, aunque sólo sea como venganza por nuestra actitud ante la piratería. Por cierto, las palabras de la Sra. Lansing sobre el dinero que pierde la cadena precisamente por eso ¿eran un cariñoso saludo hacia alguien en especial? En fin, cuídate mucho y sigue al hilo de la información, porque aunque las pegas estén ahí, soy optimista respecto a la renovación. Pueden sobrarnos las relaciones sentimentales, puede inquietarnos la moralina, pero ese amor por los diálogos perfectos, esa fe en el periodismo ideal y ese empeño por buscar la sonrisa cómplice final, nos mantendrán, una temporada más, al otro lado de la pantalla. Nosotros, los espectadores, somos así.

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