A pesar de que la televisión cuenta con una inmensa variedad de series juveniles, de todas las épocas y momentos en los que la adolescencia parece dividirse, con protagonistas masculinos y femeninos, en condiciones económicas dispares, resulta difícil sentirse reconocido en alguna de las situaciones que nos describen las ficciones en cuestión. Ya sea por las diferencias existentes entre la cultura anglosajona y la nuestra, por lo desigual de los sistemas educativos o simplemente porque nuestra vida no fue o tan dramática o tan divertida como en la serie de televisión, las series centradas en personajes adolescentes sirven como entretenimiento, pero tienden a ser idealistas y se preocupan poco por que la realidad que cuentan se aproxime a la realidad. Para eso ya está la adolescencia misma. Sin embargo, en ocasiones, la creatividad, la ambición y las ganas de llevar a la pantalla algo original y sorprendente se juntan y por suerte para los espectadores podemos disfrutar de una serie tan honesta como incómoda, que sin dejarse ceñir por lo estrictamente televisivo nos acerca una historia tan atractiva como dolorosa, como es My Mad Fat Diary.

Debo reconocer que tenía más bien pocas ganas de descubrir lo dura que fue la vida con Rae Earl, cómo sobrevivió a la adolescencia y el instituto y cómo se portaron con ella los noventa, con sus desórdenes alimenticios, sus inseguridades y su tiroides desbocada. Y no sé muy bien si era por su aspecto, porque las producciones británicas son más molestas que las americanas o simplemente porque la adolescencia de criaturas como Serena van der Woodsen y Blair Waldorf es mucho más frívola y despreocupada, más fácil de ver, menos dolorosa. Pero el caso es que me puese a ello y ahí estaba yo, frente al primer capítulo, y ahí seguía seis después, sintiendo un amor infinito por Rae, queriendo saber más sobre su vuelta a la vida en sociedad, sus alocadas hormonas, su también alocada madre y el siempre temido final del verano. Menos mal que he empezado en pleno regreso de la segunda temporada, y la espera para seguir sabiendo de esta joven adorable que sufre problemas mentales y sueña con “ser normal” sólo dura siete días. Hasta que se acabe, claro.

Además de su novedosa factura final, con apropiadas animaciones que refuerzan el espíritu de la protagonista mientras tratan, en la mayoría de las ocasiones, de provocar la sonrisa en el espectador, My Mad Fat Diary, también puede presumir de tener un gran elenco de jóvenes actores británicos, y de haber trasladado con fortuna las historias de su creadora y protagonista Rachel Earl, aunque en la realidad los hechos estuviesen situados en la Inglaterra de mediados de los ochenta, no los noventa. Sin embargo, y a la vista de su público objetivo, el cambio de década juega a su favor, especialmente si el espectador nació a comienzos de los ochenta y en 1996 tenía, año arriba, año abajo, la misma edad de Rae. Entonces, y gracias a una brillante y profusa selección musical, el espectador treintañero, además de revolverse en el sofá por verse reconocido en ciertas situaciones, puede emprender un nostálgico viaje musical por los temas más escuchados en una época en la que el pop británico era algo respetable y admirado que podía sonar durante horas y horas en los walkmans y discmans de media Europa y medio mundo. Y por ello, porque el viaje musical me parece que merece un lugar propio, aquí queda la selección musical de Earl, esa en la que lo mismo suena Prodigy cuando te enfadas, que Whitney Houston cuando te enamoras u Oasis cuando simplemente esperas que el mal momento pase. Así que aquí os dejo la lista de Spotify con las canciones de la primera temporada, unas setenta, con el compromiso de que muy pronto llegarán las de la segunda temporada, que se encuenttra actualmente en emisión. Antes de comenzar me he permitido tres licencias, y he obviado apariciones tan vergonzantes como La Macarena y las Spice Girls, además de saltarme el tema que no le gusta a Rae, Spaceman, que tampoco me gusta a mí…

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Temporada 1

Capítulo 1.- Big Bad World. Las catorce primeras canciones de la lista corresponden a este episodio, en el que Rae conoce al doctor Kester y se reencuentra, para bien o para mal, con su vieja amiga Chloe. En la selección musical, que comienza con el tema de la apertura, One to Another, del grupo de Manchester The Charlatans, se adivina la constante de los próximos episodios: los grupos británicos de moda a mediados de los noventa, junto con algún viejo hit inolvidable y los coqueteos británicos con el R&B. Y así escuchamos a Oasis con Cigarettes & Alcohol, a la cantante y coreógrafa norteamericana Toni Basil, con su éxito de 1982 Mickey o Mark Morrison y su Return Of The Mack, además de a los Manic Street Preachers, Ocean Colour Scene o los malhablados Beastie Boys.

Capítulo 2.- Touched. En este episodio en el que los acontecimientos se precipitan, como sólo sucede en la adolescencia, y Rae se aproxima a Archie con propósitos diferentes a los que finalmente les unen, he seleccionado doce canciones que van desde el multidisciplinar Beck y su Novacane, hasta la pastelosa y ochentera Nothing’s Gonna Stop Us Now de la banda estadounidense Starship. Entre ambas, los onmipresentes Blur y Oasis, la inclasificable Björk y su televisivo tema It’s Oh So Quiet, y los siempre necesarios y dispares The Cardigans, con su inocente Lovefool, Radiohead y Fake Plastic Trees o Suede y Trash.

Capítulo 3.- Ladies and Gentlemen. Uno de los mayores acontecimientos de los adolescentes más melómanos son los festivales de verano en los que además de perder la cabeza puedes disfrutar de las actuaciones favoritos, entre ellos, como no, Oasis. En espe episodio la selección se compone de nueve canciones, más escasa que sus predecesoras por miedo a convertirse en un monográfico de Beck. Así que comenzando con el Milk de Garbage y cerrando con the Day We Caught The Train de los nunca suficientemente valorados Ocean Colour Secene, podemos escuchar también el trepidante Hey Dude de Kula Shaker, Boombastic de Shaggy y, cómo no, Blur, Oasis y The Stone Roses.

Capítulo 4.- Don’t Ever Tell Anyone Anything. Con la preocupante “zona amiga” y la libertad de hacer una fiesta en casa, ante la ausencia materna, como puntos centrales de la trama, la selección se ha quedado en diecisiete temas, algo normal si a la habitualmente completa lista de canciones le sumamos la importancia musical de una fiesta. Al final de la misma, cuando Finn llora sobre el hombro de Rae escuchamos Fade Into You de Mazzy Star, mientras que poco después lo hace el también relajado High and Dry de Radiohead. Junto a los grupos habituales, en este episodio escuchamos éxitos de bandas como Fugees con Fu-Gee-La, Depeche Mode y Personal Jesus, Primal Scream y Movin’ on Up, Supergrass con su Alright o Everything But The Girl con su éxito Missing.

Capítulo 5.- It’s a Wonderful Rae. Part One. Y si un festival de verano era importante, una buena rave de la que presumir con los nietos no podía faltar en la lista de experiencias necesarias en la adolescencia. Pero una cosa es contarlo y otra vivirlo, y como suele suceder en estos casos siempre hayalguna consecuencia que desluce la macrofiesta. De este episodio he seleccionado once temas que van desde la precipitada huída de Rae ante las acusaciones de su madre, ambientada por el Ocean Pie de Shed Seven al encuentro del grupo de amigos en el pub, momento en el que escuchamos a The Smiths y su There Is a Light That Never Goes Out. También suenan en este episodio el siempre recurrente I Will Always Love You de la malograda Whitney Houston, el archiconocido Eye Of the Tiger de Survivor o el tema más famoso del suizo Robert Miles, el pianístico y agotador Children.

Capítulo 6.- It’s a Wonderful Rae. Part Two. En el último episodio Rae tienen un montón de decisiones que tomar, además de afrontar la dura realidad y las consecuencias de sus actos. Hasta cerrar la selección con Perfect Day de Lou Reed, he escogido diez de las canciones que suenan en el capítulo, como por ejemplo el relajado True de Spandau Ballet, Culture Club y el pegadizo Karma Chameleon o The Weather Girls  y el bailable It’s Raining Men. Con un tono completamente distinto, oímos al gran Jimmy Ruffin cantando What Becomes Of the Brokenhearted y, más cercano en el tiempo, también nos encontramos con Placebo y su Nancy Boy. Una variada selección con la que cerrar una temporada tan interesante como musicalmente heterogénea, que en ningún momento se olvida del momento en el que está ambientada. Simplemente genial.

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