Anoche, a eso de las diez, desde el otro lado del Atlántico llegaba la noticia televisiva del día, y probablemente, (dejando finales aparte) de la semana. David Letterman ha decidido poner punto  final a tres décadas, la mitad de su vida, en televisión y decir adiós al programa que lleva su nombre. Tal y como el presentador explica, la decisión llegó cuando se dio cuenta de que estaba más preocupado por otras cosas, concretamente por la especie a la que pertenecía un pájaro que encontró cuando pescaba con su hijo, que por el programa que presentaba y dirigía y que le había llevado a compartir innumerables noches con millones de espectadores en treinta años.

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En enero de 2013 la tercera temporada de Louie llegaba a su fin, y lo hacía con un capítulo triple y una sorprendente huída a China. A pesar de que la visita al lejano oriente, con participación de Amy Poehler como hermana de Louie, resultó soprendente y emotiva, los fans del cómico nacido en Washington todavía estábamos tratando de asimilar el sorprendente giro que la vida de Louie había estado apunto de dar. A pesar de que no pasó de ser un bonito sueño, y una demostración del cainismo imperante en el mundo de la televisión, los tres episodios fueron la interesante y surrealista narración de cómo un humorista puede estar, más por necesidad que por gusto, en manos de una cadena de televisión y de sus deseos, sin importar que al otro lado hay una persona con sentimientos. Tosca, pero con sentimientos.

El trío de episodios comienza cuando, después de una actuación en Los Ángeles, Louie es invitado al programa de Jay Leno. Aunque el cómico no tiene muchas esperanzas de que en realidad lleguen a situarle delante de una cámara, porque esa noche Leno entrevistará a Tom Cruise, que suele extenderse en las entrevistas según le cuenta el hombre perteneciente al equipo del programa, los acontecimientos dan un giro increíble cuando el actor no aparece y Louie termina disponiendo del tiempo previsto para la estrella de Hollywood y para él. Y a pesar de los nervios triunfa. Al día siguiente el cómico descubre que se ha convertido en “tendencia”, a pesar de no tener muy claro qué es eso y que la CBS ha llamado a su joven agente para concertar una cita esa misma mañana. Cuando Louie, con las legañas todavía en los ojos se quiere dar cuenta de donde se encuentra, tiene al presidente de la CBS Lars Tardigan, encarnado por Garry Marshall, preguntándole si le interesaría trabajar con ellos ya que David Letterman se retira.

La sinceridad con la que Tardigan le repite que sólo le está preguntando si le interesa el trabajo, porque en realidad ya ha hablado con Jerry Seinfeld y el sería la primera opción, aunque más cara, así como la nobleza y crueldad con la que le hace ver que en realidad tampoco tiene nada mejor que hacer y no puede pasarse la vida siendo un comediante-viajero, provocan que lo que sería una buenísima noticia acabe convirtiéndose en un despiadado donativo del destino, que permite a este noble humorista situarse cerca, muy cerca, de la gloria televisiva. En el episodio siguiente el humorista utiliza la preocupación del tiempo que pasará con las niñas para tratar de encontrar una excusa que le obligue a rechazar la oferta, pero con total sinceridad su ex mujer le dice que no lo haga, que se lo merece tras tantos años de trabajo. Así que no le queda más remedio que entrenarse para el difícil reto de ocupar el lugar de David Letterman y visitar al excéntrico Jack Dahl, que al parecer le va a enseñar los entresijos de cualquier show nocturno.

En el mismo capítulo Jay Leno le llama para preguntarle si los rumores son verdad, y el cómico pelirrojo aprovecha para aprender de la experiencia de Leno y le pregunta si debería aceptar el trabajo, si es que se lo ofrecen. La respuesta del presentador, paradojicamente retirado, es que no. ante la incredulidad de Louie por la firmeza de Leno en su respuesta éste le recuerda que las modas son pasajeras y que aunque sobre el papel es muy divertido hacer un show nocturno todas las noches, hacer un monólogo diario de 14 minutos no lo es. A la franqueza de Leno se le unen alguna inesperada traición, los entrenadores sin piedad, la necesidad de convertirse físicamente en algo que nunca ha sido y la preocupación de sus hijas por el tiempo que no pasarán con él por culpa de este nuevo trabajo tan importante. Y todo para llegar a la última entrega convencido, preparado física y psicológicamente  para la prueba que le llevará a convertirse en presentador. Aunque en realidad la CBS no quiere realmente eso, y Louie sólo forma parte de la estrategia de la cadena para retener a su estrella imponiendo sus condiciones.

Más allá de que las diferencias son obvias, y la intención de Letterman tras el anuncio no parece que sea renegociar, sino decir adiós, los tres episodios de Louie son una interesante e inteligente muestra de cómo funciona el negocio de la televisión y la comedia, pero también de cómo merece la pena luchar, por muy duro que sea, por conseguir nuestros sueños. Porque aunque ese no sea el plan que las altas esferas tienen para tí, si lo haces bien, siempre podrás llevarte algo. O quitar algo. O demostrar algo. Después, y a pesar, de todo esto, no quiero terminar sin animaros, una vez más, a que veáis Louie. Que estáis a tiempo, justo antes de que regrese con su cuarta y esperada entrega. Que además de estas tres muestras tenéis otros treinta y seis interesantes episodios por delante. Vamos, no sé a qué estáis esperando!!!

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