Al igual que sucede con el drama, dentro del complejo y difícil género de la comedia, existen subgéneros que definen el espíritu de la producción. No es lo mismo It’s Always Sunny in Philadelphia, con su mala baba y su sarcasmo, que la blanca y neutra Modern Family, o la descarnada Louie, por poner tres ejemplos. Son comedias, hacen reír, pero la sensación que dejan al final de los capítulos no es la misma. En mi breve pero intensa experiencia con este género, en el que hasta hace poco no encontraba nada que me llamase la atención, las mayores satisfacciones me las han aportado esas producciones que me reconcilian con la humanidad,  nos acercan historias interesantes, bonitas y cuidadas y te dejan con una sonrisa al final de cada capítulo. No niego que quizá son algo naif, inocentes e idílicas, pero ¿a quién no le gusta descubrir un grupo de gente adorable? Aunque los Chance forman parte, para mí, de ese tipo de personas, mi comedia feliz, por muy redundante que suene, es Parks & Recreation. Y aunque ya he hablado aquí de ella y ha quedado claro que es la comedia que todo el mundo debería ver, el reciente final de temporada hace necesaria una recapitulación.

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Porque tras este final que, una vez más, pudo ser el último, toca recordar por qué Parks & Recreation debería salir de ese lugar sombrío en el que permanecen las series que no se emiten en España, cada vez menos, y que además cuentan con un respaldo minoritario, ya sea por su temática o por su estilo. Son la minoría de las minorías, esas producciones de las que hablas con esos amigos que no forman parte de la fiebre seriéfila y no encuentras una sonrisa complice ni por equivocación. “¿Parks an’ qué?” Y tiene que dejar de vivir en la ignorancia porque es una serie equilibrada, redonda, que gira en torno a un grupo de personas en el que cada uno de ellos tiene una personalidad definida y peculiar, que con el paso de los capítulos han conseguido funcionar como una máquina perfectamente engrasada, en el que cada uno tiene su lugar y su momento, como si todos fuesen igual de importantes. Porque a pesar de que el pilar fundamental de la serie es Leslie Knope, el papel interpretado por Amy Poehler, esta mujer tan particular no sería la misma si los que la rodeasen fuesen otros. Y creo que esto es una evidencia si recordamos el salto de calidad que dio la serie al final de su segunda temporada.

Leslie es la amiga perfecta que todo el mundo quiere tener. Ben es el novio perfecto que toda chica quiere tener. Ron es el jefe con el que cualquiera sueña. April es la compañera tarada que cualquiera que quiera poner un poco de oscuridad en sus vidas debería tener. Y Tom el amigo pijo que te enseña los locales de moda. Donna es la que te prepara para ir a esos lugares, y Andy o Jerry (el fin es el mismo, sus personalidades son cuestión de matices) los que hacen que la noche, por alguna estúpida razón, sea memorable. Son el grupo de amigos ideal, fiel y dedicado que terminan convirtiéndose en un núcleo cuasi familiar en el que los roles varían ligeramente pero siempre están ahí. Y ya sea para ganar unas elecciones, celebrar unas navidades, montar un negocio o afrontar un embarazo, siempre están listos y dispuestos a echar una mano, cumplir con su papel y ayudar a un compañero, y un amigo, en lo que sea necesario. A pesar de que allá por agosto la marcha de Ann y Chris a algunos nos pudo parecer un error que pasaría factura, Parks & Recreation se ha repuesto a la marcha de los amigos más cercanos de Leslie y Ben sin dramatismos y sacando partido al resto de los personajes.

A pesar de que la temporada ha sido irregular, entre otras cosas porque la entrega previa había dejado el listón muy alto y debió de haber sido premiada con el Globo de Oro a la vez que su protagonista, el tramo final ha sido una sucesión genial de episodios que nos han situado ante uno de los mejores finales de temporada que recuerdo. Si bien es cierto que en capítulos previos la preparación del Unity Concert podía ser pesada, la espera ha merecido la pena, aunque sólo haya sido por volver a escuchar a Andy cantando de nuevo 5.000 Candles in the Wind. Y para entonces habíamos pasado una jornada gloriosa bebiendo vino de arándanos, habíamos visto el lado más paternal de Ron y habíamos vivido uno de los momentos más importantes en la vida de Leslie. Y hablado de Friday Night Lights, y absorbido toda la tensión a nuestro alrededor… (Ojo Spoilers) Del cameo presidencial qué podemos decir que no se haya dicho ya. Y del minuto final, con la gloriosa aparición de Jon Hamm, el flashforward y el flequillo de Leslie. (Fin Spoilers) Por cierto, para el que quiera saber más de los capítulos finales, o del futuro de la serie, os dejo aquí esta interesante entrevista con el creador de la serie Michael Schur. Que además de muchas curiosidades, cuenta que es más que probable que la próxima sea la última temporada de la serie. Algo que puede ser una necesidad, pero también es un hecho triste para todos aquellos que cada semana nos plantamos frente al televisor para ver a Leslie y disfrutar de nuestra comedia feliz. Esa que siempre quieres ver y que siempre terminas con una sonrisa.

 

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