The Knick, introducción a la medicina moderna


Desde la (tardía) marcha del Doctor House, debo reconocer que las series médicas despiertan en mí escaso entusiasmo. Sin embargo, la nueva apuesta de HBO de la mano de su filial Cinemax, no parecía a primera vista una serie médica al uso y contaba con dos atractivos poco acotumbrados a la pequeña pantalla, Clive Owen como protagonista y Steven Soderbergh a cargo de la dirección. A pesar de que en las críticas iniciales sólo parecía haber lugar para su crudo y sangriento comienzo, la escasa y deficiente oferta televisiva veraniega y su atractivo trailer, en el que las imágenes acompañadas de la voz de Owen auguraban por lo menos una creación original, hicieron el resto.

Ahora que faltan dos episodios para el final de la primera temporada, The Knick se ha convertido para mí en uno de los mejores estrenos del año por varias razones, desde el trabajo de Soderbergh, que nos invita a alegrarnos (mucho) de que decidiese dejar el cine, hasta la recreación de Nueva York, pasando por sus personajes, sus variadas historias o la disposición de la producción por trasladar a la pequeña pantalla los entresijos de los comienzos de la medicina moderna. Para mí, en The Knick todo alcanza un nivel sobresaliente y su visionado se me antoja obligatorio, más allá de su anácrónica banda sonora, que comienza molestando y termina siendo perfecta, o su comentado exceso de vísceras, algo lógico si tenemos en cuenta que estamos asistiendo a la medicina de comienzos del siglo XX.

Pero entre sus muchas virtudes, sin duda una de mis preferidas es su interés por introducir en la historia de John Thackery y sus colegas, el descubrimiento de nuevos procedimientos y aparatos que sin duda contribuyeron a aumentar la esperanza de vida del ser humano, o simplemente la calidad de la misma. Los creadores, Jack Amiel, Michael Begler y Steven Katzan, trasladan las historias reales sobre las que se construyeron los avances médicos del momento a las vidas de los protagonistas y las desarrollan en el entorno del Knickbocker, ofreciendo una imagen más nítida de la época y de la situación de la ciencia por aquel entonces. Cabe recordar que sólo un par de décadas antes se realizaron grandes avances en los campos de la anestesia y la desinfección, unos hechos que permitieron a los médicos ampliar sus posibilidades a la hora de intervenir a sus pacientes.

Para que todo sea correcto, tanto a la hora de poner en escena las operaciones como en lo que respecta a la recreación de aquella época en la medicina, The Knick cuenta con el asesoramiento médico del Dr. Stanley Burns, que además de conocer la profesión atesora un inigualable archivo fotográfico histórico y médico. En su colección de imágenes médicas podemos encontrar fotografías sobre enfermos, hospitales, especialidades médicas, pioneros, tratamientos o incluso casos curiosos de hace más de un siglo, algo que sin duda ha contribuido a añadir realismo a la serie de Cinemax. Y estas son algunas de las historias reales de algunos de los inventos o procedimientos que vemos en The Knick:

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– Máquina de Rayos X. El físico alemán Wilhelm Conrad Röntgen, anunció su descubrimiento, los rayos X, y su creación, la máquina que le permitía hacer radiografías, en 1886, unos días después de realizar la primera radiografía de la historia. Tras descubrir casualmente un resplandor que lo llevó a investigar los rayos y radiaciones durante semanas, Röntgen expuso durante quince minutos la mano izquierda de su mujer a los rayos X sobre una placa fotográfica de cristal, y el resultado lo convirtió en un descubrimiento vital en la historia de la medicina.

– Aspirador Quirúrgico. El casual invento del Dr. Algernon Edwards alberga una pequeña trampa. A pesar de que ya existieron inventos previos que trataban de terminar con el polvo en el hogar, la aspiradora doméstica no se hizo realidad hasta 1907, siete años después del momento en el que se desarrolla la acción de la serie. La invención del aspirador quirúrgico, de la que no consta si llegó a partir del artilugio que todos tenemos en casa, corresponde al médico y prolífico inventor argentino Enrique Finochietto, que en las tres primeras décadas del siglo XX, contribuyó con varias técnicas y aparatos a la mejora de la medicina.

– Nariz Italiana. Hasta el descubrimiento de la penicilina, en 1928, la sífilis era una enfermedad incurable, que como podemos ver en la serie, tenía consecuencias terribles para aquellos que la sufrían. El cirujano italiano y pionero en la cirugia reconstructiva Gasparo Tagliacozzi, nacido en 1545, fue el responsable de diseñar a partir de estudios previos en siglos anteriores, el procedimiento para realizar una reconstrucción nasal. La técnica curiosamente no tuvo mucho éxito hasta que fue recuperada y modificada por el cirujano alemán Karl Ferdinand von Graefe en el siglo XIX.

– La hernia inguinal. El procedimiento que Edwards desarrolla en su improvisada clínica fue obra del también italiano Edoardo Bassini, que en 1889 publicó uno de los libros más famosos sobre el tema, Nuovo Metodo per la Cura Radicale del Hernia Inguinale. En él Bassini acompañaba su descripción de su solución a la hernia inguinal con láminas ilustradas, un procedimiento más rudimentario que el utilizado por el pionero Edwards que se atreve a utilizar una cámara. Ese mismo año William Halsted, médico en el que se inspira el personaje de Owen, presentó una técnica ligeramente diferente a la de Bassini y con una reparación también distinta.

– El punto McBurney o punto de sensibilidad abdominal. Mencionado por John Thackery en medio de una operación, con su propio apellido “Thackery Point”, fue descrito en 1889 por el cirujano norteamericano Charles McBurney, que desde ese momento se dedicó a la enseñanza de la cirugía. El punto se localiza en la línea que una la espina ilíaca derecha con el ombligo, situado a dos tercios de distancia de éste último.

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– El endoscopio. Bautizado por su creador, el Dr. Levi Zinberg como “intraescopio”, este instrumento quirúrgico que sirve para visualizar el interior de un órgano hueco o una cavidad corporal ya fue utilizado, muy primariamente, en 1805. El artilugio experimentó varios cambios a lo largo del siglo XIX y fue utilizado en diversos campos como la urología o la estomatología, pero hubo que esperar hasta 1932 para que fuese flexible, y más adaptable al cuerpo humano. El inventor del primer gastroscopio semi flexible fue el alemán Rudolf Schindler, que antes de la II Guerra Mundial se trasladó Estados Unidos y allí pasaría a los anales de la medicina como el padre de la gastroscopia.

– El fonógrafo. Uno de los pocos inventos no médicos que podemos ver en la serie, aunque llegue acompañado de su propio creador, Thomas Edison. Los Edison Wax Recorder, o cilindros de fonógrafo, fueron el primer método de grabación y reproducción de sonido y consistían en cilindros de cera con grabaciones de sonido grabadas en la superficie exterior del mismo, para luego reproducirlo en el fonógrafo mecánico. La llegada de los discos de gramófono en 1910 provocó que la producción de éstos cilindros terminase diecinueve años después.

*Para los que os interesen este tipo de detalles, la cuenta de Twitter de la serie o su Tumblr publica tras cada episodio las referencias históricas o hechos reales que inspiraron las historias que vemos en The Knick.

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