‘Juego de Tronos’: El cliente no siempre tiene la razón


Cuando era estudiante de la Escuela de la Hostelería de Vitoria tuve un profesor que insistía tanto en que las bayetas no oliesen a váter como en que el cliente no siempre tenía la razón. Ambos comentarios llegaban seguidos de risas, pero en el segundo caso eran algo nerviosas. Los alumnos temíamos ese momento en el que el que paga protesta porque el servicio, la comida o el ambiente no son de su gusto. Con los años, y la experiencia, pude comprobar que los empeños de mi profesor no eran manías de la edad, y tan importante era tener bayetas limpias (lo es) como dibujar la línea que divide la protesta legítima de la queja irracional. Reclamar porque la comida estaba fría era una crítica comprensible, decir que el cocido no sabe como el de tu madre, no.

Comenzar mi carrera laboral también me permitió convertirme en cliente, porque ganaba mi propio dinero, pero no en el mismo cliente que era antes de pasar por la Escuela. La experiencia en horas punta de comidas en barrios obreros, en barras de bares de copas o en la mítica BBC (bodas, bautizos y comuniones) me permitió desarrollar un ojo crítico a la hora de prever el éxito de mi reserva o descartar la experiencia desde el local de enfrente. Y también me enseñó a comprender que, muchas veces, los camareros solo son actores involuntarios de un desastre generalizado e inevitable.

En cafeterías y bares, esos lugares que lo mismo viven de clientes de paso que de parroquianos, no fue difícil encontrar habituales que me llamasen por mi nombre, normalmente amigos o familiares del dueño. Esos que esperaban en la barra “a que el jefe acabe” y mientras este cuadraba las cuentas en el almacén-oficina hacían comentarios sobre cómo había ido la noche, la clientela o “cómo está el suelo de mierda”. Proyectos de futuros señoros, que te aconsejaban como colocar las botellas, o limpiar las copas, mientras te deslomabas encajando las cajas de la Coca-Cola. Habituales que no tenían un diploma en casa como yo, pero sí más experiencia en ese lado de la barra. El hábito (alcohólico) diario que les permitía tener confianza suficiente para darte consejos sobre cómo hacer tu trabajo. Aunque la mañana siguiente les tocase atenderte en la carnicería que regentaba su padre.

Espero que me disculpéis las batallitas hosteleras pero llevo tres días tratando de digerir las discrepancias surgidas por el último capítulo de ‘Juego de Tronos’, especialmente en las redes sociales. Sí, ya lo sé, son lugares del demonio sin los que se puede vivir, pero qué le voy a hacer. Me guste o no, son parte de mi vida, me sirven para conocer gente, para estar informada, para saber más sobre aquello que me interesa. El caso es que este pozo de sabiduría y socialización se ha convertido en las últimas semanas, y especialmente en los últimos días, en un lugar en el que una opinión ha dejado de ser una opinión y se ha convertido en una ofensa.

Algunos se han ofendido porque otros han dicho que no le gusta lo que han hecho con el guion, y ridiculizan al discrepante aludiendo a su experiencia (sea del tipo que sea) en la materia. Los que han expresado su disconformidad con el fin de algunos personajes, han recibido como respuesta un cariñoso “no lo has entendido, dedícate a otra cosa”. Y tampoco han faltado los que apelan a cuestiones sociológicas y generacionales para justificar la disconformidad. “La serie no ha empeorado, sois vosotros, criaturas caprichosas las que estáis deseando poner pegas a esta obra de los dioses”.

Así que HBO tiene una clientela muy amplia (hasta la semana que viene) entre la que encontramos a parroquianos que disfrutan del giro a gastro-taberna especializada en cerveza artesanal que ha dado el bar de abajo, y aquellos que no faltan a la cita, pero echan de menos los tiempos de las servilletas de papel y las cañas tiradas como antaño. Tampoco faltan los que se arremolinan en la puerta y discuten si en realidad el cambio de mesas bajas por altas es suficiente para pasar a ser una gastro-taberna. Todo sirve para discrepar, para creer que se tiene más razón que el otro, para justificar la pataleta y para criticar la desazón. Porque el derecho a que no nos gusten las cosas también se ha borrado de donde fuera que estuviese escrito.

jdt8ep6_02_5cddf880badae

Curiosamente, mientras esto sucede, más de medio millón de personas han firmado un documento en el que piden a HBO que rehaga la octava temporada de la serie. Solicitan a su plataforma de series que coja el producto que le ha costado casi cien millones de dólares y lo rehaga, porque no es de su gusto. Desconozco si cada uno de los firmantes ha dejado escrito cómo sería un producto de su completa satisfacción. Y aunque algunos critican que la humanidad se una para estas cosas, y no para cambiar el mundo, no es la unión lo que debería preocuparnos. Es el medio millón de criaturas que creen que su disgusto bien vale una reescritura de guion, y todo lo que eso supone. Aunque seguramente todos estén dispuestos a donar de su bolsillo el presupuesto necesario para rodar la versión que crean conveniente. Claro que sí.

No hace tanto HBO eran las siglas de un lugar exclusivo que todo el mundo quería visitar, el local en el que ibas a encontrarte esas caras que te alegran la velada y la hacen más interesante. Ahora, dependiendo de la temporada, se ha vuelto un garito muy concurrido, en el que al final de la noche demasiadas voces dan consejos sobre el producto que hay que utilizar para limpiar los frontales de las neveras, según su variada experiencia. Una jaula de grillos que no ha empeorado por su diversidad, sino por el deseo de discrepar con el que cada noche llegan muchos “coleguitas” del jefe.

Todos hemos visto muchas series, y hecho muchas tortillas, hemos llorado personajes o pedido papel higiénico al camarero de turno. Y nos parecerá mejor o peor que las porducciones se alarguen innecesariamente, que falten huevos o esté poco cuajada, que maten a los protagonistas o que entre sus cien mil tareas no haya recordado revisar el nivel de celulosa de los baños. Pero toda nuestra experiencia no nos da derecho a decirle a nadie cómo tiene que hacer su trabajo. Ni tampoco a acosar o despreciar a aquel que sanamente opine que ese trabajo está mal hecho.

Anuncios

‘Juego de Tronos’: Las claves de ‘Las Campanas’ T08E05


Fuego de dragón, hombres clavándose la espada con saña y muertes de renombre. ‘Juego de Tronos‘ se acerca a su desenlace y para introducirnos en los 80 minutos finales ha derrochado acción, cadáveres y destrucción. La tradición necrológica de la serie en los penúltimos episodios se ha cumplido, y ‘Las campanas‘ ha dejado un panorama muy renovado por Desembarco del Rey que no me resisto a comentar, aunque a estas alturas ya no queden claves que señalar. (La noche está llena de terrores, y lo que sigue lleno de spoilers).

Khaleesi, rompedora de principios

En el quinto capítulo de la séptima temporada, no hace tanto, y ya sin la mano de Martin de por medio, Daenerys dio un bonito discurso antes de asar a la parrilla al padre y al hermano de Sam… “Sé lo que Cersei les ha dicho. Que he venido a destruir sus ciudades, quemar sus casas, a asesinarlos y dejar huérfanos a sus hijos. Esa es Cersei Lannister, no yo. No estoy aquí para asesinar, lo único que quiero destruir es la rueda que camina sobre ricos y pobres para beneficiar únicamente a las Cersei Lannister del mundo”.

Dicen los puristas, los que aún tienen fe en Benioff y Weiss y aquellos a los que les molesta la frustración de los insatisfechos, más que la narración que nos ofrecen, que Daenerys tiene derecho a estar cabreada, porque han matado a su dragón y a su criada y un memo dice que tiene más derecho que ella al Trono. Yo no discuto que esté cabreada con razón, incluso puede que, como todos, tenga derecho a renunciar a sus principios, porque todos evolucionamos. Lo que me molesta es que las prisas nos dejen sin argumentos de peso, y donde antes había una señora que perfectamente podía escribir un alegato político creíble, ahora nos encontramos a una mujer enfadada e irracional. Esa que ella decía no ser. Que los creadores hayan dicho que la masacre ha sido una decisión “espontánea” tampoco me parece consuelo.

Las teorías a medias

Siguiendo con el repaso a las temporadas previas, en la quinta, y a través de un flashback, ‘Juego de Tronos’ nos contó la profecía de Maggy la Rana según la cual Cersei moriría a manos de su hermano menor, después de casarse con un rey y ver fallecer a toda su descendencia. Llegada desde los libros de Martín, la profecía terminaba con “cuando tus lágrimas te hayan ahogado, el valonqar (hermano pequeño) envolverá sus manos sobre tu garganta pálida y ahogará tu vida”.

La profecía en realidad no se cumple del todo, puesto que Jaime agarra del cuello a su hermana y amante pero poco tiene que ver con su muerte. Al igual que Tyrion (que es en realidad el hermano menor), Jaime hace todo lo posible por sacar a su hermana de la Fortaleza Roja, pero el carácter de ella y el caos que ha sembrado Daenerys lo impiden. Cersei, que trató con desprecio a su hermano Tyrion por culpa de la profecía durante toda su vida, muere tras la caída del lugar que nunca había sido derrotado. Siete temporadas de tensión para que la señora desaparezca tras una nube de polvo, la evidencia más dolorosa de la caída de su imperio.

Otra de las teorías más longevas de la producción que ha regresado este episodio ha sido la de las visiones de la Casa de los Eternos. Durante su estancia en Qarth, Daenerys tuvo unas visiones que le llevaron a recorrer la Sala del Trono de Hierro, una estancia en ruinas que parece cubierta de nieve y en la que está a punto de coger la espada de Jon. Sin embargo, algunos ya señalan que lo que creímos nieve, en realidad son cenizas, un elemento tan unido a la naturaleza de la madre de las dragones como el fuego. La presencia de Garra en el Trono simbolizaría además que Nieve se le habría adelantado en su derecho a sentarse en él. Para lo que pocos tienen explicación es para el resto de su visión, en la que se encontraba con Khal Drogo y su hijo.

Los restantes

La ventaja de hacer escenas de lucha nocturnas es que, como se puede ver en el making of, nunca sabes en realidad cuánta gente hay en la escena. Fuimos muchos los que creímos, en el primer ataque de los Dothraki a los Caminantes durante la Batalla de Invernalia, que la táctica bélica había acabado con abnegados luchadores de Khaleesi. Y otros tantos los que en el quinto episodio, no antes, hemos descubierto que estábamos equivocados.

Apenas se les vio en los multitudinarios funerales (igual es que estaban todos en la enfermería), no teníamos constancia de ellos en las escasas imágenes de Nieve y Davos con las tropas, ni en el encuentro en el secarral del cierre del episodio anterior. Pero qué alegría ayer cuando aparecieron de nuevo esas hoces, bien afiladas, esos caballos, raudos y veloces, esas melenas y esos gritos guturales que parecen hacer de ellos unos luchadores más bravíos. Qué alegría, porque hasta ayer, no eran más que los “Dothraki restantes” y una ya pensaba que no volveríamos a verlos.

juego-de-tronos-s8-1_5cd9b353f09bb

El caballo no era Bran

Ocho temporadas teorizando han hecho verdadera mella, y desde que terminó el episodio son muchos los que se preguntan si el caballo blanco sobre el que Arya abandona Desembarco es su hermano Bran. Sería una buena noticia que el Cambiapieles (que tiene la posibilidad de introducirse en el cuerpo de los animales) hubiese hecho algo útil en la octava temporada, pero parece que hay que descartar la idea. El caballo blanco, simplemente, era la bestia que montaba Harry Strickland, el líder de la Compañía Dorada al que pudimos ver justificando la ausencia de elefantes en el primer episodio de esta temporada. Símbolo de la pureza y la nobleza, resulta llamativo que el animal que montaba el hombre llamado a salvar a Cersei termine en manos de la joven que estaba convencida de matarla.

Parte de bajas

Entre batallas, venganzas y disputas personales ‘Las campanas’ es uno de los episodios más sangrientos de ‘Juego de Tronos’. Al esperado, y profetizado, adiós de Varys le siguen los de Euron, Qyburn, los hermanos Clegane y los mellizos Lannister. Con estas bajas Yara, Sam y Tyrion se convierten en los últimos representantes de los Greyjoy, los Tarly y los Lannister. Y la joven Arya pone a cero su contador de muertes pendientes… ¿O no?

Arya y los ojos verdes

Según la letanía que Melissandre pronunciaba cada vez que se encontraba con la más joven de las Stark, aún le quedaría una víctima pendiente. “Ojos marrones, ojos verdes y ojos azules” le dijo en ‘La Larga Noche’. Los deseos de ver el rostro desencajado de Cersei ante su próximo final, nos llevaron a pensar a muchos que Arya tacharía ese nombre de su lista. Pero entonces no tuvimos en cuenta que podía morir siendo una víctima colateral de la furia de Daenerys, ni el color de los ojos de ésta. Verdes, por supuesto.

‘Mrs. Wilson’: las batallitas que vivió la abuela por culpa del abuelo espía


En 2007, tres años antes de que el mundo entero le conociese por ser “la de ‘Luther’”, Ruth Wilson conoció a buena parte de su familia paterna. Hasta entonces el tío Gordon, su mujer, y sus hijos eran todos los miembros que su padre Nigel aportaba a la cena de Navidad. Pero desde aquel año la cifra creció hasta límites insospechados. La culpa la tenía el abuelo Alexander, que lejos de cometer una fechoría en aquel momento, había fallecido en 1963.

Tal vez, en aquel multitudinario encuentro, Ruth Wilson ya se imaginó haciendo de la historia de su familia una ficción audiovisual. Doce años después, no solo lo ha logrado, sino que además ha encarnado a su propia abuela en pantalla. Un lujo que una solo se puede permitir cuando es una gran actriz y además tiene una gran historia entre manos. El resultado de esta personalísima apuesta es ‘Mrs. Wilson’ una miniserie de la BBC que ya podemos disfrutar en España gracias a Filmin.

Compuesta por tres episodios, ‘Mrs. Wilson’ arranca el 4 de abril de 1963, el día que falleció Alexander Wilson. Interpretado por Iain Glen (‘Juego de Tronos‘) este espía, oficial del MI6 y prolífico escritor de novelas vivía por aquel entonces en Ealing, junto a sus hijos Gordon y Nigel y su mujer Alison. Fue ella quien lo encontró tirado en el suelo de su dormitorio y quién luchó, sin suerte, por devolverlo a la vida. Cuando pudo recomponerse, telefoneó al padre Timothy, a la funeraria y al número que Alexander le había pedido que llamase si ese momento llegaba. “Gracias por hacérnoslo saber, actúe con normalidad (…) Es todo lo que necesitamos de usted” contestaron al otro lado de la línea.

Aquella misma noche Alison abrió la puerta con la esperanza de que fuese otra muestra de simpatía de sus vecinos ante la pérdida, y se encontró con una señora que le confundió con la “casera” de su difunto marido. “Soy su mujer” aclaró “la sra. Wilson, Alison Wilson”. Cuando su desacertada interlocutora se recuperó del shock procedió a presentarse. “Soy Gladys Wilson, la mujer de Alec”. La sorpresa en ambas fue tal que Alison incluso se tomó la libertad de corregirle y decirle que en todo caso era su “exmujer”, algo que Gladys descartó.

Apenas habían pasado unas horas de la muerte del hombre con el que había compartido las últimas dos décadas y la incertidumbre comenzaba a apoderarse de sus recuerdos. Para impedirlo, Alison recurrió a las decenas de documentos que Alexander guardaba en casa. El pistoletazo de salida de una inagotable lucha contra los elementos, y la burocracia, por conocer quién era, en realidad, el padre de sus hijos.

MRS WILSON_Ruth Wilson as Alison and Iain Glen as Alec © Snowed-In Productions and all3media int (2)

En casi tres horas ‘Mrs. Wilson’ construye un interesante relato de misterio e intriga que es, en realidad, una emocionante historia de superación. El suspense lo pone la profesión de Álex, pero también la de Alison, ya que comenzaron su relación cuando trabajaban en las oficinas del Servicio de Inteligencia. Y él le doblaba la edad a ella. Precisamente es el trabajo lo que utiliza Álex para construir sus propias realidades paralelas, esas que llaman a tu puerta cuando deja de llegar el dinero, y con ello sus mentiras. Una espiral inacabable que a día de hoy todavía aguarda numerosas respuestas, aún clasificadas en archivos “sensibles”.

El coraje y la valentía de esta historia llega de la mano de la señora que da nombre a la serie, una mujer inquebrantable que prefirió conocer la verdad, por dura que fuese, a vivir aferrada a unas bellas fotografías. Ruth Wilson se pone en la piel de su abuela para explotar su vena dramática, dejar de lado su vis misteriosa y seguir tirando de carácter. El resultado alcanza el nivel al que acostumbra la intérprete, acompañado además por la calidad propia de las producciones de la cadena pública británica. Una miniserie tan atractiva como breve, en la que el espectador no tarda en sentir la causa de la heroína, su necesidad de respuestas, como la suya propia. Porque Alexander Wilson llevará más de medio siglo muerto, pero su capacidad para seducir con sus historias permanece inalterable.

‘Juego de Tronos’: Las claves de ‘El último de los Stark’ T08E04


Señoras, señores… Esto se acaba… Ya solo nos quedan algo más de dos horas para despedir ‘Juego de Tronos’ y tal vez ya hemos visto a algunos personajes por última vez. O por lo menos eso parecía, ¿verdad Fantasma? Mientras nos enjuagamos las lágrimas por la fría despedida, y nos preparamos para lo que parece otra “batalla final” vamos a analizar los momentos más importantes de ‘El último de los Stark’. (La noche está llena de terrores, y lo que sigue, lleno de spoilers. Tu sabrás)

“Esa no soy yo”

En nuestro repaso semanal por la primera temporada de la serie y su relación con la última entrega nos encontramos de nuevo a Arya Stark. En esta ocasión, la heroína de Invernalia, por mucho que le pese, recupera con Gendry una conversación que ya tuvo con su padre en Desembarco del Rey. Ante la proposición de matrimonio, y la posibilidad de convertirse en la señora del Bastión de las Tormentas, la Stark le responde, tras besarle: “Serás un gran señor y cualquier mujer será feliz de tenerte, pero yo no soy una dama, nunca lo he sido, yo no soy así”.

En el cuarto capítulo de la primera entrega, mientras la joven entrena su equilibrio, charla con su padre de su hermano, convaleciente en Invernalia, y le dice que cuando sea mayor quiere ser “Señor” como él. Su padre se ríe, le besa en la frente y le dice que algún día se casará con un señor, y sus hijos serán príncipes. “No, esa no soy yo” le aclara, al estilo Mari Trini, antes de levantarse para seguir entrenando. En realidad, como pudimos ver en la séptima temporada cuando reaparece Nymeria y Arya le pide que le acompañe a Invernalia, la joven comprende mejor que nadie que en la naturaleza de su lobo huargo no está convertirse en un animal doméstico, al igual que ella nunca será una “señora de”.

Sansa sabe lo que hace

Arya también sabe que en ese papel encaja mucho mejor con su hermana, que lleva un tiempo ejerciendo como tal. Y aunque podría parecer que Sansa ha cometido un terrible error al contarle el secreto de Jon a Tyrion, la verdad es que lo ha hecho con toda la intención. Tal y como aclaran los creadores en el making off del episodio, la mayor de las Stark sabe que el Lannister no tardará en revelárselo a Varys, y juntos maquinarán cómo resolver el entuerto de una manera mucho más efectiva que su “hermano-primo”.

O como dice Varys, sabiéndolo 8 personas ya no es un secreto, sino una noticia, por lo que cada vez hay más posibilidades de que la procedencia de Nieve sea la comidilla de todo Poniente. Cómo la propia Sansa reconoce al Perro, si no se hubiese topado con Meñique y Ramsay “probablemente sería un pajarillo toda mi vida”. Así que ahora se dedica a poner en práctica lo que aprendió de ellos. Afortunadamente, más del primero que del segundo.

Madres del año

Mientras esperamos la batalla de las “señoras desquiciadas” nos centraremos en el pobre balance vital de la descendencia de ambas aspirantes al Trono de Hierro. La última en sumar un nuevo nombre a la lista de familiares fallecidos ha sido Daenerys, que tal vez debería haberse preocupado por saber un poco más sobre la protección de sus criaturas, ya que contaba con la bibliografía necesaria. Apenas hemos tenido tiempo de ver que Drogon había sobrevivido a la Batalla de Invernalia y Euron se lo ha llevado por delante de la manera más cruel. Así que solo nos queda Rhaegar, y yo a estas alturas no daría ni un céntimo por su supervivencia.

Al otro lado de la contienda está Cersei, intentando convencernos a todos de que está embarazada. Ya no recuerdo cuántos capítulos llevamos jugando con la posibilidad de que esté encinta, primero con sus hermanos, luego con su amante. Lo peor de la confirmación del embarazo es que llega de Qyburn, “creador” de la criatura en la que se ha convertido La Montaña. Cuando Euron le mira buscando una confirmación y él asiente con la cabeza… ¿Responde lo que sabe que Euron quiere o hay algo más? ¿Se ha limitado a seguir las órdenes de la reina o ha tenido algo que ver en la criatura que Cersei dice que llegará?

db-weiss-david-benioff-cameo

El cameo y el café

David Benioff y D. B. Weiss no han podido evitar la tentación de salir en su propia serie, otra vez. Si ya pudimos verlos en el Salón de los Rostros de Braavos, en esta ocasión, los creadores de la adaptación televisiva han aportado algo más de expresividad en su participación. Como podemos ver en la imagen superior ambos se convirtieron en Salvajes para celebrar con Tormund (Benioff es el que está detrás) la victoria de la noche anterior.

En la escena, mientras el pelirrojo deslenguado alaba las virtudes de Jon Nieve para subirse a un dragón, vemos en segundo plano a Daenerys, observándolos con desagrado. Y entre ellos, el vaso de café del Starbucks (según algunas fuentes) que ha desdibujado el trabajo de producción que durante siete temporadas había sido intachable. Ya hay quien señala que si los directores no hubiesen estado “pelotudeando” (con Nieve ocultándoles el vaso involuntariamente) tal vez esto no habría pasado.

Las señoras desquiciadas

‘El último de los Stark’ ha comenzado con un funeral que como mandan los cánones ha derivado en una fiesta. El problema es que con tanto corazón roto y tanto deseo de ahogar las penas en alcohol, por momentos parecía un baile de promoción. Cuando los protagonistas han recuperado sus obligaciones y han llegado a Desembarco del Rey para acabar con su “otro” problema, la historia ha derivado en el aperitivo de la batalla de las “señoras desquiciadas”. O de las “Reinas Locas”.

Que Cersei no está en sus cabales no es nada nuevo desde hace tiempo, pero la deriva irracional de la madre de los dragones resulta preocupante. Los aires de grandeza y su fe en el destino son de sobra conocidos desde hace tiempo, pero la historia ha puesto todo de su parte para que Daenerys cumpla con lo que se espera de su linaje y acabe perdiendo la cabeza. Solo la muerte de Tyrion en esa escena final, en la que finalmente fallece la colateral Missandei, habría cabreado más a la aspirante al trono de Hierro que la de su fiel amiga. Pero el desagrado de la joven se fragua a lo largo de todo el episodio, desde que Tormund exclama que para subirse a un dragón “hay que ser rey o estar loco”, hasta que pierde a Drogon, pasando por el encuentro con Nieve, en el que es evidente que la procedencia de este ha perjudicado su relación.

A la vista del tráiler, y con Jon ya en Desembarco, parece difícil que la ira de ambas no termine derivando en una batalla campal con más víctimas de las necesarias, es decir, cualquiera que no sea Cersei. Si alguien puede (y quiere) impedirlo, ese es Varys, pero ya sabemos que  la Bruja Roja auguró que moriría en tierra extranjera. Y qué mejor momento para hacerlo que una batalla en la que saber demasiado te convierte en un enemigo dentro de tu propio bando. Así que lo único que parece seguro es que en el penúltimo episodio de ‘Juego de Tronos’ despediremos a unos cuantos. O no, que ya me había olvidado de ‘La Larga Noche’.

‘A la conquista del Congreso’: mujeres para devolver el poder al pueblo


Hace tres meses, en los hoteles de Park City, la documentalista Rachel Lears y los productores Robin Blotnik y Sarah Olson vivieron unas jornadas frenéticas.  ‘A la conquista del congreso‘ (‘Knock Down the House’), el proyecto que habían comenzado tras la victoria de Donald Trump y financiado en Kickstarter, acababa de conseguir dos premios en el festival de Sundance. La particular carrera política de cuatro novatas para convertirse en congresistas demócratas había logrado el aval del público y el jurado, y las plataformas les seducían con sus ofertas.

Hulu, Amazon o Focus lucharon por tener el documental en sus bibliotecas, pero la ganadora fue Netflix, que extendió un cheque de 10 millones de dólares, el mayor precio pagado por un documental tras un festival. Un año antes la misma plataforma había establecido el récord en 5 millones, el precio que pagó por la cinta ganadora del Óscar al mejor documental ‘Icarus’ (antes de que lo lograse).

La apuesta compañía de Reed Hastings por un documental político podría parecer prohibitiva de no ser por una de sus protagonistas, Alexandria Ocasio-Cortez. La joven camarera del Bronx que encarna el gran sueño americano desde que, contra todo pronóstico, se impuso en la carrera demócrata de su distrito y consiguió llegar al Congreso. Desde entonces, hace un año, la joven de 29 años se ha convertido en una de las políticas demócratas más influyentes, y en una de esas historias que cualquiera quiere contar, leer, y por supuesto ver.

AOC, como se le conoce en un país que tiende a tirar de siglas, es la protagonista principal de la creación de Rachel Lears, una cinta de noventa minutos que da voz a la política por la que tantos americanos se desvelan, lejos de los focos de Washington y los tuits de Trump. Y también lejos de los rascacielos de la Gran Manzana, donde otras tres mujeres luchan por la mejora de la sanidad, la seguridad o simplemente, por agua limpia. Todas ellas cuentan con el respaldo de dos comités de acción política, Brand New Congress y Justice Democrats, que tratan de acercar la burocracia a las verdaderas preocupaciones de los estadounidenses mientras la alejan de los lobbys y los intereses de las grandes corporaciones.

Sin experiencia política previa, las cuatro se desviven por imponerse a las previsiones de distritos en los que las victorias de sus rivales son una costumbre histórica. “Están diciendo que soy marxista. Ni siquiera sé lo que es eso. Comunista, socialista, un pedazo de mierda, y una zorra. Que si parezco rusa, que me vuelva a mi país, México. ¿Sabes qué? Que sigan”. Así se desahoga Amy Vilela mientras conduce por las autopistas de Las Vegas. Al igual que sus compañeras de documental, su campaña es humilde y su contrincante poderoso. Pero, en su caso, no está dispuesta a rendirse, y luchará hasta el final por llegar al Congreso para poder luchar por una sanidad que no permita más casos como el de su hija.

Sí, todas las protagonistas de esta historia, de una u otra forma, cumplen con el lema y convierten lo personal en político. Paula Jean Swearing, hija de minero, se resiste a asumir que las compañías mineras destrocen Virginia Occidental, y a sus habitantes, mientras los líderes políticos se codean con grandes compañías mineras. “Si otro país viniera aquí, volara nuestras montañas y envenenara el agua, entraríamos en guerra. Pero la industria sí puede” explica ante lo que un día fue una montaña. Cori Bush, es una enfermera madre de dos adolescentes, que vivió los disturbios de Ferguson en la puerta de su casa. En su distrito, la política es una monarquía hereditaria, y desde 1960 los votantes han elegido el mismo apellido, Clay, padre e hijo. “Admiro tus agallas, porque es una batalla difícil” le dice un votante a Cori, cuando trata de convencerle para que le vote.

Paula Jean Swearing A la conquista del congreso

Para AOC lo personal es su comunidad, sus vecinos del Bronx, su madre, que cambió servicios de limpieza por clases particulares para que ella accediese a la universidad. Tras la universidad AOC trabajó en entidades sin ánimo de lucro, y siempre estuvo vinculada a la comunidad, pero cuando llegó la crisis los ingresos no alcanzaban y tuvo que empezar a trabajar de camarera. Fue su hermano quien la propuso a los comités de acción política, y razones no le faltaban. En el primer debate, el mismo en el que su rival no apareció porque no le consideraba una amenaza, AOC deja claro que lo suyo no es una pose, que la política y la lucha por los derechos de sus vecinos son un interés real e innato. “Los estadounidenses no piden demasiado, solo quieren poder arreglárselas. Solo le piden a los políticos que sean valientes para ayudarles a salir adelante” explica mientras aparece trabajando en un bar.

‘A la conquista del Congreso’ es una cinta que bien podría haber sido una miniserie, dedicando un episodio a cada una de sus protagonistas. En 90 minutos el documental solo alcanza a ofrecer algunas pinceladas sobre el activismo y la movilización que, silenciosamente, se lleva a cabo en comunidades que se resisten a estar en manos de las grandes empresas que manipulan a sus representantes. A la vista de los resultados que obtuvieron todas ellas, no se trata de una ola de cambio imparable, sino que, como señala la propia AOC, para que una lo consiga deben fracasar un centenar.

Pero precisamente en estos tiempos tan políticos, entre el ruido, las notas de prensa y los que no quieren escuchar a sus votantes, es esperanzador descubrir historias de mujeres dispuestas a sacrificarse por hacer de sus comunidades un lugar mejor, en las que lo que importen sean las personas. Señoras que escuchan a sus vecinos, que se indignan al vivir en sus propias carnes cómo se retuercen los mecanismos de la propaganda política, que tienen miedo a fracasar y defraudar a la causa. Mujeres de carne y hueso con propuestas sociales y motivaciones reales bajo el brazo. Tal vez no debamos perder la esperanza en la política.

‘Juego de Tronos’: Pegas a una noche demasiado larga


No he alcanzado el éxtasis frente al televisor. Tampoco me ha disgustado, pero esperaba de ‘La Larga Noche’ algo más que diez minutos finales emocionantes y algún que otro momento salvable en los setenta minutos iniciales. Ya está, ya lo he dicho. Me cuesta echar la culpa a las expectativas, que podían ser longevas (porque llevamos un rato hablando del capítulo) pero no estaban demasiado altas. Yo soy de las que prefiere la ‘Casa Austera’ a la ‘Batalla de los Bastardos’ y ‘Botín de Guerra’ a cualquiera de las anteriores. No necesito demasiados muertos, ni demasiados dragones, para sentirme satisfecha.

Si todavía no he despertado demasiado rechazo en ti, tengo una pregunta… ¿Has necesitado consultar en Google quién ha quedado vivo después del episodio? (…) Si la respuesta es sí, pregúntate si eso te parece  “normal” y si lo “consentirías” en otras producciones… Dicho esto procedo a enumerar mis pegas a uno de los capítulos más caros de la televisión, y también de los más oscuros. Respecto a esto último, aprovecho para dejar por aquí un interesante hilo sobre este tema lumínico, que es uno de los que más comentarios ha generado, explicado por un director de fotografía y consultor de imagen. Porque los nuevos tiempos televisivos también tienen inconvenientes que las plataformas deberán tener en cuenta más pronto que tarde, por mucha justificación artística que pueda tener la oscuridad reinante.

Por empezar por el principio… Hemos tenido dos capítulos previos, de unos cien minutos totales, en los que han tenido tiempo de volver a mostrarnos a Fantasma, repetirnos una decena de veces lo seguras que eran las criptas e incluso enseñarnos a Arya apelando al “Carpe Diem”. Pero no había quedado ni un minuto para Melissandre, a la que perdimos de vista en la séptima temporada, y nunca más se supo… Repentinamente aparece de la nada, probablemente a medio camino entre los mortales y los Caminantes, para entorchar a los dothraki, y de paso enviarlos a una de las escenas más emocionantes, y más confusas, de lo que va de temporada. Que digo yo, que a la vista del juego que dieron los guerreros de Khaleesi en batallas anteriores, igual un poco de luz para vivir ese encuentro no habría estado mal, no sé…

Melissandre sabía del desarrollo de la noche, pero llegó apurada a la cita porque estaba en el peluquero… Más allá de este factor sorpresa, algo chapucero, no acabo de encontrarle el encanto a la repetición de escenas de lucha con cierto tono épico que, en realidad, no llevan a un desenlace relevante… ¿En serio nos parece “excelente” que la serie de la “Boda Roja”, la que no se casa con sus protagonistas, esa en la que no podías coger cariño a nadie, no haya sido capaz de despachar a ningún personaje relevante en el capítulo más importante de la temporada?

Yo soy la primera que le pone una vela a Lyanna, cree que lo de Ser Jorah estaba cantado desde que salió de la Ciudadela, encuentra lo de Theon más absurdo que épico y lo de Ed el Penas más que lógico, pero… ¿Nadie más? Seguimos con Podrick, con Gendry, con Gusano Gris… ¿Para qué? ¿Para cumplir con la costumbre y hacer la escabechina en el penúltimo episodio de la serie? ¿Van a ser capaces Benioff y Weiss de seguir explotando “lo de” Brienne y Tormund? Todavía nos quedan casi cuatro horas de metraje, y ya tenemos precedentes esta temporada de cuestiones amorosas, así que me temo lo peor.

Las esperadas escenas de dragones, esas que “de verdad” encumbran un episodio (SIC), me han resultado más confusas que satisfactorias y, a excepción de un par de planos, perfectamente prescindibles. Es probable que las criaturas de Daenerys aspiren a un “Cersei a la brasa” pero, ¿no han resultado poco relevantes en las situaciones en las que más se les necesitaba? Han tenido sus momentos, pero los he echado de menos en otros, aunque en eso quizá tiene que ver su factor iluminador.

También he echado de menos una mínima pista de cómo se ha plantado Arya junto al árbol Arciano, superando las habilidades de un grupo de peligrosísimos Caminantes Blancos, entre otros… Y ya puestos a poner pegas al desarrollo de la mejor trama de la noche, habría preferido ver cómo le salvaba Beric Dondarrion desde el punto de vista de ella, que es la que de verdad nos interesa, y la que va a experimentar la revelación de Melissandre sobre su última resurrección.

arya Melissandre Larga noche

Benioff y Weiss han comentado en el making of del episodio que sabían que Arya iba a ser la que acabase con el Rey de la Noche desde hace tres años. Braavos, la Casa de Blanco y Negro, la Niña Abandonada y todo el sufrimiento adquirieron sentido en ‘La Larga Noche’. A pesar de arrastrar la peor de las caras desde el comienzo, de dudar de sí misma y de sentirse dolorida, todo el trabajo de Arya se vio recompensado en ese inesperado movimiento, que nos puso a todos el corazón en un puño. Genial, misión cumplida, una de las tramas de la serie, tal vez la más interesante junto con su hermana Sansa, va como la seda.

Pero, ¿qué pasa con el resto de los muchísimos personajes que todavía están en Invernalia? ¿De verdad ese era el mejor plan para combatir a los Caminantes? ¿No había nadie en esa sala con una idea medianamente razonable, que no implicase arrancar sacrificando a tus propios hombres? ¿No tiene Jaime conocimientos militares? ¿Y Jon Nieve, entre otros, experiencia sobre la influencia de los Caminantes Blancos en los muertos y lo que implica enviar a mujeres y niños a las criptas? ¿Es posible que hayan pasado de ser los personajes más sesudos de la pequeña pantalla, a bobos solemnes que no son capaces de atisbar los peligros?

Soy consciente de que las ficciones son eso, ficciones, y cada creador es muy libre de hacer con ellas lo que le venga en gana, e igual que yo echo cosas en falta, muchos de vosotros estaréis encantados de la vida con el devenir de los acontecimientos. Ok, pero… ¿No os molesta, ni un poquito, que una serie que ha dado lugar a publicaciones sobre sus enseñanzas políticas o filosóficas, que en ocasiones parecía un curso de “coaching”, de diplomacia o, por qué no, de running, vaya a despedirse con una temporada cargada de diálogos terribles y un buen puñado de decisiones cuestionables? En serio, ¿ni lo más mínimo?

‘Juego de Tronos’: Las claves de ‘La Larga Noche’ T08E03


El ecuador de la última entrega de ‘Juego de Tronos’ ha llegado con la batalla más esperada del año, y entre escenas muy oscuras y nocturnas, hemos ido despejando el camino para el inevitable final. Tal vez las expectativas hayan arruinado tu experiencia televisiva, tal vez eres de los que crees que (otra vez) estamos ante el mejor capítulo de la serie. Seas de los que seas, estas son las claves de ‘La Larga Noche’. (La noche está llena de terrores, y lo que sigue, lleno de spoilers. Tu sabrás)

El capítulo de marras

Es probable que tengas la sensación de que ver, lo que se dice ver, has visto poco. Los argentinos, compatriotas de Miguel Sapochnik, ya han hecho varias gracias con el asunto, pero para los que no tengáis tanta mala baba recomiendo ver el making of del episodio, mucho más luminoso, además de muy ilustrativo.

‘La Larga Noche’ se rodó en once semanas, con 55 días de rodaje nocturno en el que entraban a trabajar a las 6 de la tarde y con suerte salían a las 5 de la mañana. El rodaje fue en febrero de 2018, con Irlanda del Norte sufriendo la “Bestia del Este” y temperaturas que, según Emilia Clarke, eran demasiado bajas incluso para la nieve. Si la temporada completa ha costado 90 millones, y en los dos primeros episodios hemos visto muchos interiores, es posible imaginar que el capítulo haya estado entre los 15 y 20 millones de dólares. La mayoría de los cuales, al parecer según el making of, se fueron en gas, además del extra por nocturnidad, claro.

La daga de Arya

Nos hemos pasado semanas leyendo artículos sobre los capítulos que debíamos ver antes del regreso de la serie, pero no recuerdo ninguno que insistiese especialmente en que iba a ser primordial tener la primera temporada fresca. Si en los capítulos previos habíamos visto a Jaime y Bran retomar su problemática relación, y algunos habían encontrado guiños en la conversación de Ned Stark y Robert Baratheon, en ‘La Larga Noche’ regresa otra vieja conocida, la daga de acero Valyrio.

La providencial arma con la que la joven acaba con el Rey de la Noche fue utilizada por primera vez en el segundo episodio de la producción, cuando un extraño fue enviado a acabar con la vida de Bran tras su caída. Catelyn Stark llevó el arma a Desembarco del Rey y se la entregó a su esposo, pero tras su decapitación, tal y como supimos en la séptima temporada cuando se la dio a Bran, Meñique se quedó con ella. Fue él quien le dijo a Catelyn que la daga era de Tyrion, aunque cada vez está más claro que solo lo hizo, para variar, por malmeter. El tullido, no sabemos si conociendo que la iba a necesitar, o no, fue el encargado de dársela a Arya. Y el resto es ya una historia redonda, en la que la daga que iba a matar a Bran, y sembrar el caos en Poniente, termina salvándole y salva, hasta que llegue Cersei, a Poniente.

Melissandre, la visita sorpresa

Algunos ya apostaban hace unos días por la Bruja Roja como factor sorpresa de la gran batalla, aunque no todos acabaron de ver claramente su papel. En cualquier caso, era una de los pocos personajes que no habíamos visto en la octava temporada, ya que la última vez que apareció fue en la séptima, contándole a Varys cómo iba a ser su muerte… Y no lo volveremos a ver, a la vista del cierre del episodio.

El color de los ojos

Que hayamos perdido de vista a la vieja bruja con collar rejuvenecedor no quiere decir que no vaya a dar más guerra. Antes de irse, nos ha dejado algo con lo que pensar… Cuando se reencuentra con Arya, porque ya se habían visto en la tercera temporada, ambas recuerdan su conversación. “Dijiste que nos encontraríamos de nuevo” le dice la Stark a la bruja. “Dijiste que cerraría muchos ojos para siempre. También tenías razón en eso” prosigue. Melissandre le contesta entonces con la misma letanía que en su primer encuentro. “Ojos marrones, ojos verdes y ojos azules”.

Nos estaba revelando el final del episodio y nosotros sin darnos cuenta, porque parece evidente que con los azules se refería al Rey de la Noche. Algunos seguidores de la serie ya han sugerido que los marrones serían los de Walder Frey, que murió después de ese encuentro, pero los de color verde parecen no tener dueño. De momento, porque todos sabemos de qué color tiene los ojos Cersei, ¿verdad? Pues no sería Cersei, por aquella profecía que dice que le matará su hermano. Pero… ¿qué saben las profecías de máscaras?